• La Fennell y el BDSM

    Estaba yo viendo Cumbres Borrascosas (2026), de Emerald Fennell y llevaba un cabreo del quince, por que se ha cargado la novela completamente.

    Es que cuando la miras, no ves Cumbres Borrascosas, ves una paja mental de una tarada, que pone, quita, tuerce, retuerce, manipula, deshecha y reconstruye a su manera una historia, que no tiene nada que ver con la original y que hay momentos, que no tiene ni pies ni cabeza. Pone al padre como alcoholico, elimina a un hermano, mete a una asiática en un papel que no tiene nada que ver con la original…

    Tengo que reconocer, que visualmente, es espectacular, desde las zonas más oscuras, hasta la contrapartida con las zonas más luminosas, el estilo video clip, barroquismo, gótico, yo que se, mezcla ahí a las bravas…

    Visualmente, es preciosa, eso no lo voy a negar, los vestuarios, los colores, la iluminación, los maquillajes, los planos de cámara…hasta la banda sonora, todo es super bonito…pero la historia….ainsss…la historia es una mega cagada, la mires por donde la mires, por que tu vas a ver Cumbres Borrascosas y te encuentras con Pajas Mentales Borrascosas….que no tienen nada que ver con la historia. Imaginad que alguien hubiera hecho eso, con Los Miserables…por ejemplo.

    La pregunta que me hago es: Alguien la hubiese ido a ver, si se hubiera titulado de otra manera?

    Tal vez si, tal vez no, pero esa película no es la novela de Cumbres Borrascosas. Para nada. Ahora bien, tras ver las tres películas dirigidas por Emerald Fennell, me cuesta pensar que sea casualidad la repetición de escenas relacionadas con la humillación, la privación sensorial, los fluidos corporales o determinadas dinámicas de poder. ¿Está utilizando conscientemente elementos del imaginario BDSM y de ciertas filias para construir el deseo y las relaciones de poder de sus personajes?

    Por que personas del mundo BDSM las reconocen inmediatamente, aunque el espectador convencional solo perciba que «esa escena tiene algo raro». (Habría que preguntarle al/la guionista también, claro).

    Pero en las tres películas que ha dirigido y he visionado, Fennell parece convertir la intimidad en un escenario donde alguien observa, alguien cede, alguien domina y alguien es humillado y alguien se venga o es vengado. Las prácticas concretas cambian, pero la estructura narrativa se repite: Así que tenemos un patrón.

    Puede que dependa del guión, obviamente, pero la forma de explicarlo…eso es harina de otro costal.

    Aunque las películas de Emerald Fennell apenas muestran el BDSM de forma explícita, sí parecen comprender muy bien la carga erótica del poder, la humillación, la obsesión y la transgresión.
    Una escena de unos pocos segundos puede evocar dinámicas de dominación o sumisión con mucha más fuerza que una larga secuencia ambientada en un cuarto rojo.

    De hecho, he visto más escenas BDSM en sus tres películas (Cumbres Borrascosas, Saltburn y Una joven prometedora) que en la mierda de trilogía de las putas 50 sombras de Grey. ¡Lo digo en serio! El señorito Grey es una nenaza en comparación con la Fennell, ¡así os lo suelto!

    Es decir, mientras 50 sombras suele representar el BDSM como práctica, Fennell parece utilizar el imaginario BDSM como lenguaje cinematográfico. No necesita una fusta para sugerir dominación. Le basta una mirada, un gesto de humillación, un acto de devoción extrema o una inversión de quién tiene el control de la situación, además de ciertas escenas claramente sado masoquistas y un poco perturbadoras.

    Porque el BDSM no empieza en la mano o en la fusta, sino en la cabeza. De la misma manera que el sexo no empieza en los genitales, sino en el cerebro.

    Emerald Fennell parece entender que el BDSM no es solo una colección de prácticas, sino una gramática del deseo basada en el poder, la vulnerabilidad, la entrega, la humillación y el control. Por eso, aunque sus películas apenas muestran BDSM explícito, muchas de sus escenas evocan esas dinámicas con mucha más intensidad que obras que se venden como cine con o de «BDSM».

    Que conste en acta, que me han puesto cachonda, algunas de las escenas, aunque no os voy a decir cuales (jodeos) pero iba yo pensando «joder como me pone esto» y cada vez que las recuerdo, me pasa lo mismo.

    De hecho, una de las cosas más interesantes de Fennell es que parece entender que la carga erótica de una escena no depende de mostrar sexo o desnudos indiscriminados, sino de mostrar una relación de poder. Ese es el auténtico BDSM, esa es una idea que, vista desde la óptica del BDSM, puede resultar especialmente sugerente.

    Y no me vengáis con milongas: no se puede ir por la vida diciendo «Mi marido me cubre mientras me dejo follar por otro y yo soy Ama». ¿Ama? «A Mandar» es lo que eres.

    Un gesto de humillación, un acto de adoración, una privación sensorial o un intercambio de control o fluidos pueden comunicar mucho más que una escena sexual explícita o alguien que venda que es «ama».

    A mi me llaman sumisos, que les gusta que les orinen encima, que les gusta lamer compresas usadas o bragas usadas y sucias, o que les gusta revolcarse en comida o cualquier otra cosa asquerosa….así que sus escenas no parecen estar ahí para «epatar» sin más; suelen tener una función narrativa y una carga erótica o psicológica muy calculada.
    Sea o no una persona familiarizada con el BDSM, Fennell demuestra un conocimiento muy preciso de un imaginario que rara vez aparece representado con tanta naturalidad en el cine (si, NATURAL….que eso si es jodidamente difícil)

    Y si se representa en otras obras, suele ser «edulcorado» bajo una «broma» o una «confusión» o cualquier otra excusa, para que pase «desapercibido», sin embargo Fennell, lo deja ahí, para que te lo tragues tal cual te apetezca.

    Si te da asco, pues asco, si te pone, pues te pone, pero ahí lo deja, luego tu ya verás como te lo tomas, si con leche y azúcar o sólo.

    Ademas existe el tópico en la industria (y en otras artes, cómic, pintura, escritura…incluso el humor) según el cual las mujeres tienden a filmar/expresar el sexo o la violencia de una forma más «contenida» o «menos incómoda». Fennell rompe con ese tópico y/o tabú. No porque haga escenas más explícitas que otros directores, sino porque no parece tener miedo de convertir el deseo en algo incómodo, grotesco, fetichista o moralmente ambiguo o incluso moralmente «inaceptable» o inmoral.

    Y ahora vamos al tajo de las escenas, por que una imagen vale más que mil «palabros»

    Cumbres Borrascosas:

    Privación Sensorial, Vouyerismo y Sado/Masoquismo, Pony Play, Whipping
    Estrangulamiento, Odio/Deseo, Quirofilia, Burla, Rechazo…se parece más a la relación de Buffy y Spike que ha Heathcliff y Catherine.
    Pet Play, Dominación/Sumisión, Switch, Degradación, Esclavitud…Sumisión Femenina.

    Saltburn:

    Vouyerismo, Adoración, Obsesión, Humillación y Degradación Voluntaria, Fluidos Corporales..
    Menofilia, Vampirismo, Quirofilia

    Una joven prometedora:

    Spitting, Spit fetish, Saliva play, Humillación Masculina, Dominación Femenina.

    Señoría, nada más que añadir.

    La primera escena que vi de películas de la Fennell, fue la escena del escupitajo y me dije «Joder con la protagonista y la escena, no se cortan un pelo»…pero en esa película, todo está calculado al milímetro.

    A partir de ahora, voy a destripar las películas, que me han parecido una puta obra de arte una tras otra, sinceramente, los guiones son de lo mejor que he visto en años (excepto Cumbres Borrascosas, que sólo me gustan las escenas sueltas y el universo visual y sonoro)

    Son películas, que aunque cuentan las historias, contadas mil millones de veces en otras épocas o maneras, están interpretadas por actores o actrices, con las que Fennell, parece encontrarse a gusto como Jacob Elordi o Carey Mulligan, entre otros, son caras conocidas, pero no grandísimas estrellas (bueno Margot Robbie si…pero otras son auténtic@s desconocidos)

    Y eso a mi entender es muy bueno, como el caso de Saltburn, con Barry Keoghan…como protagonista que ejecuta un PAPELÓN, de los que hacen historia.

    Y hablando de su personaje en Saltburn como Oliver, hay un concepto dentro del BDSM que suele llamarse topping from the bottom o, en español, «dominar desde abajo».
    Se refiere a un sumiso que, sin ocupar formalmente el rol dominante, acaba dirigiendo la dinámica, manipulando las decisiones o condicionando el comportamiento de la otra persona.

    Oliver se presenta como alguien aparentemente frágil, casi insignificante. Es la ‘polilla’ (como lo denomina la hermana de Felix) que entra en una mansión llena de víboras. Sin embargo, esa apariencia de vulnerabilidad es precisamente su mayor arma. Nunca parece imponer su voluntad de forma directa, pero consigue que los demás giren a su alrededor. Es una forma de dominación indirecta que recuerda a lo que en BDSM se conoce como «dominar desde abajo» (como he mencionado): quien aparenta ceder el poder acaba controlando toda la interacción.
    Lo interesante es que esa dinámica no se limita al sexo. Oliver hace eso constantemente en sus relaciones personales: observa, detecta las necesidades y debilidades de los demás y adapta su comportamiento para convertirse en alguien indispensable. Como buen psicópata que es.
    Cuando la otra persona cree que lleva el control, en realidad ya está reaccionando a los movimientos de Oliver.

    Esa lectura también encaja con una idea que atraviesa el cine de Emerald Fennell: el poder rara vez pertenece a quien parece tenerlo. Los personajes que aparentan ser vulnerables, subordinados o invisibles terminan siendo quienes manipulan el tablero.

    Félix sín embargo, puede verse como la «mariposa»: bello, luminoso, admirado y casi etéreo.
    El resto de la familia está llena de cinismo, crueldad o manipulación. Oliver no entra en un jardín de inocentes, sino en un terrario de depredadores. Lo interesante es que acaba siendo el mayor depredador de todos.
    No quiero hacer spoilers, pero la mente de ese tipo, es, como poco, un engranaje, perfectamente alineado en todas sus piezas.
    Por primera vez, he visto la psicopatía desde el punto de vista de la cuasi perfección y es lo que hace de ese personaje, una auténtica arma de doble filo.

    Aunque el recurso, está ya muy manido, está hecho de tal manera, que te quedes pensando días después, y veas y saques pocas conclusiones, a lo único que llegas a sacar, es que él no elige por casualidad Oxford, ni elige a Felix por casualidad tampoco, estudia desde hace muchísimo tiempo, esa familia, para meter el pie dentro. Nada es casual en Oliver. Ese si que no da, puntada sin hilo. Espero no encontrarme nunca a alguien así.

    Next:

    En Cumbres Borrascosas, no tengo mucho más que añadir que no haya dicho ya, la película no se ciñe una mierda a la obra original de Emily Brontë y por supuesto el personaje de Heathcliff, tampoco se ciñe a la película por ejemplo de 1992, con Ralph Fiennes, de hecho, en esa versión empieza con una Emily Brontë al inicio y final de la película, interpretada por Sinead O’Connor, con esos enormes ojos y esa cara de ángel, que llenan toda la pantalla.

    No puedo decir, como fue la versión de 1939 con Laurence Olivier o la serie de televisión de 1998, por que no las he visto y no puedo comparar.

    Lo que si puedo decir, es que Jacob Elordi, hace un papel muy intenso en ciertos momentos, convirtiéndolo en un «tourtured soul» que jamás fue, por que en realidad, ese personaje, es más taciturno, esquivo y sádico, de lo que realmente aparenta en esta versión.

    En el libro original su maltrato hacia Isabella Linton incluye crueldad psicológica y física y ella menciona episodios que muestran su carácter violento, como el famoso episodio del perro colgado (aunque no se narra como una escena detallada ante los ojos del lector).

    Sin embargo, en esta película, la escena en la que la esposa de Heathcliff adopta una postura de sumisión similar a la de un perro, esa sí puede leerse desde un imaginario BDSM de forma bastante directa. No solo por la postura o el gesto, sino porque la escena gira alrededor de la deshumanización voluntaria, la jerarquía y la entrega del control, elementos muy presentes en determinadas prácticas de pet play y de dominación/sumisión. Pero ahí lo que se ve, es una relación entre Switchs (switch persona que puede ocupar roles dominantes y sumisos según la situación).

    En la adaptación representa a Heathcliff e Isabella desde una dinámica más de intercambio de poder, deseo y entrega mutua y la lectura cambia completamente a los personajes. Ya no sería «uno domina y otro sufre», sino una relación donde ambos participan en un juego de fuerzas.

    E Isabella Linton, en este remake, es una perversa de manual, le hace un libro a Catherine, lleno de dobles sentidos, a cada página que abre:

    • una vulva convertida en rosa
    • un pene convertido en seta….

    Eso en el libro ni se huele vamos..sería una falta de respeto hacia los personajes, pero por eso me reitero, que esa película, tiene conexión con el universo de Fennell y su forma de ver las cosas, pero no con Cumbres Borrascosas.

    La novela de Emily Brontë tampoco presenta esa relación como un juego erótico de poder consensuado. Heathcliff e Isabella tienen una relación marcada por la manipulación, el resentimiento y la venganza. Él no busca una dinámica compartida de dominación, sino infligir dolor porque ella representa, en cierto modo, un instrumento para herir a Catherine y a Edgar Linton. Por que desea poseer a Catherine, por todos los medios, le da igual cual de ellos, sea provocándola para la infidelidad o la triangulación con su cuñada.

    Y quizá ese contraste de adaptar una obra como Cumbres Borrascosas, tengan la misma intensidad, la misma obsesión y la misma pasión puedan filmarse como tragedia de abuso o como una exploración de deseo y poder, dependiendo del lenguaje que elija la directora, de la que no estoy de acuerdo, por que se carga la obra original, así que los experimentos en casa y con gaseosa. Al menos en una obra de esta calibre y magnitud.

    Por último, la película de «Una joven prometedora» protagonizada por Carey Mulligan, tiene una forma de como decirlo? Empieza con una tensión contenida, una mezcla de sensibilidad y obsesión que va creciendo lentamente hasta desembocar en una cadena de catastróficas desdichas que explotan in crescendo.

    A mi me dio la risa, cuando vi como le escupía en el café al «pobre» chico, y el otro, sin miramientos, se lo tragaba todo. Dije, vaya, por fin, una película ejecuta esa dinámica, sin parecer Monica Bellucci dándole el pecho a un señor de 60 años.

    Por que siempre vemos, ese tipo de escenas «macabras» o «grotescas» o «vulgares» o «morbosas» entre personajes, de bajos fondos y sitios «underground» ocultos…y no, aquí se da en una cafetería, a plena luz del día, con toda la normalidad del mundo. Ahí está la gracia. No ocurre en un antro de cuero, ni en una mazmorra, ni entre personajes marginales. Ocurre delante de cualquiera, como si fuera un martes cualquiera (por que lo es) y precisamente por eso la escena resulta mucho más «incómoda» o chocante…

    Yo pensé, «no se lo beberá»…pues, si, si lo hace, con toda la tranquilidad y además le da las gracias, por que dice que se lo merece…lo que luego resulta ser cierto.

    Y luego está la aparición de ella disfrazada de enfermera… Si eso no juega deliberadamente con un imaginario fetichista, que baje Dios y lo vea.

    Tampoco os destripo la película y me jode como acaba, ella gana, lo tiene todo calculado, pero yo la hubiese acabado de otra manera, por que la protagonista se merece algo mejor, después de todo lo que vive, se merece un final a su altura y dignidad.

    Y cuando digo, que tiene un crescendo, es por que lo tiene, cada momento, es un paso más hacia un abismo extremo y peligroso…
    Mi impresión, igualmente, es que en el fondo, el personaje ya no está intentando salvarse. Está avanzando hacia un final que considera inevitable.

    Esa es la parte más triste. Ves que el personaje ya no es capaz de vivir sin recordar. No puede. El pasado la devora poco a poco. Por eso, ya no tiene miedo, por que sabe lo que va a ocurrir y se sacrifica por y para ello.

    Yo no la hubiese acabado así. Siempre hay que pensar, que mañana será otro dia, Como decía Scarlett O’Hara.

    Y hasta aquí mi post sobre la Fennell y recordad que aquí….

    mando yo!

  • Citizen vigilante

    Tocho, Tocho, Tocho, Tocho!!!

    Pues que decir de esta película, que ha devuelto al actor Armie Hammer (que estaba en horas bajas) al candelero, con un nuevo personaje controvertido y polémico.

    Mucha gente se ha echado las manos a la cabeza, diciendo «Pero esto que es??!!!» …Claro…
    Las críticas no se han hecho esperar, «que si es un racista» «que quien se han creído para hacer esta barbaridad?» «Que este actor está denunciado por malos tratos!!» «Que si se va de putas en la película!!» «Que si es un sanguinario!!» «Que si es un capitalista!!!»

    Seeh…la verdad es que si, lo compro todo. Lo digo en serio, absolutamente todo y un poco más.

    Pero, éste no es el primero y tampoco va a ser el último y lo que pasa es que hacía muchos años, que no salía uno nuevo.

    Si echamos la vista atrás, veremos que el antihéroe justiciero lleva décadas formando parte del cine de acción, e incluso, mucho antes de que ese género existiera tal y como lo conocemos hoy.

    Podemos recordar a Michael Caine en Harry Brown:

    The Punisher, interpretado por varios actores:

    De izquierda a derecha: Jon Bernthal, Ray Stevenson, Dolph Lundgren, Thomas Jane

    Charles Bronson en Death Wish (El justiciero de la ciudad) (1974)

    Silvester Stallone como Marion Cobretti en Cobra.

    O Harry El Sucio

    El justiciero urbano moderno para mi, nace con Paul Kersey (Death Wish), pero creo que sus raíces vienen de mucho más atrás.

    Algunos antecedentes serían:

    The Big Heat (Los sobornados) con Glenn Ford que interpreta a un policía que, tras una tragedia personal, empieza a saltarse las normas para acabar con la mafia. Está a medio camino entre el detective clásico y Harry Callahan.

    O muchos westerns de los 50/70 que también exploran el tema del hombre que decide hacer justicia por su cuenta.

    Me remontaría incluso a los 7 Samuráis, de Akira Kurosawa, con su consiguiente remake americano, Los Siete Magníficos.


    En los 7 Samuráis, interpretan a los Ronin. El Ronin era un samurái sin señor.

    Eso significa que había perdido el vínculo con la autoridad, el clan o el poder establecido. A partir de ahí tenía tres caminos:

    1- Convertirse en un mercenario;
    2- Convertirse en un bandido; o
    3- Seguir un código moral propio, aunque ya no respondiera ante nadie.

    Y eso es exactamente el tipo de personaje que luego hereda el western.

    No es casualidad que Akira Kurosawa influyera tanto en Sergio Leone.

    De hecho:

    Yojimbo se convirtió prácticamente en A Fistful of Dollars y Los siete samuráis se convirtió en Los siete magníficos, como ya he mencionado.

    Ahí es donde Kurosawa, Leone y una película como Citizen Vigilante empiezan a hablar el mismo idioma, aunque los separen décadas, culturas y continentes.

    De hecho, el western es el gran laboratorio del antihéroe americano. En films como «Hasta que llegó su hora» interpretado también por Charles Bronson …con esa música de Ennio Morricone, donde la pieza «Man with a Harmonica» es probablemente una de las composiciones más reconocibles de toda la historia del western. Y esos diálogos brutales, que sólo los grandes pueden crear.

    Los créditos principales son de:

    Sergio Leone: director, cocreador de la historia y coguionista.
    Bernardo Bertolucci: participó en la creación de la historia.
    Dario Argento: sí, el futuro maestro del giallo. Antes de dirigir películas de terror, colaboró con Leone en el argumento.
    Sergio Donati: fue quien desarrolló el guion definitivo y es considerado por muchos el principal responsable del extraordinario libreto.
    Mickey Knox escribió los diálogos en inglés, ya que la película se rodó sin sonido directo y posteriormente se dobló, como era habitual en muchas producciones italianas de la época

    Leone, Bertolucci y Argento se encerraron durante días viendo westerns clásicos de John Ford, Howard Hawks y otros directores para «desmontar» el género y volver a reconstruirlo. Muchas escenas son homenajes o inversiones de momentos clásicos del western americano.

    Quien no recuerda la conversación:

    • «Parece que han traído dos ataúdes de más.»
    • «No. Va a faltar uno.»

    Es un intercambio brillante porque define al antihéroe sin necesidad de un discurso.
    Harmonica no presume, no amenaza de forma grandilocuente. Simplemente deja claro que sabe exactamente cómo va a terminar aquello.
    De hecho, el western de Leone está lleno de personajes que hablan poco y dicen mucho.

    Si se compara a Harmonica con Harry Brown o incluso con Frank Castle, se observa un rasgo común: no intentan convencer a nadie de que tienen razón. Actúan conforme a su código y aceptan las consecuencias.

    El héroe clásico suele justificar sus actos. El antihéroe, muchas veces, ni se molesta. No busca aprobación, no pretende ser un ejemplo. Su moral es interna y no necesita validación.

    El antihéroe urbano no nace en el cine policiaco, nace en el western, como he mencionado:

    Un pueblo sin ley.
    Un sheriff incapaz de controlar la situación.
    Un hombre marcado por el pasado.
    Una venganza personal.
    Una moral propia.

    Eso es exactamente el ADN del antihéroe. Cambia el paisaje, no el arquetipo. El caballo se convierte en un coche o una moto. El revólver sigue siendo un revólver. El saloon deja paso a un bar de carretera o a un callejón iluminado por neones. Pero el conflicto es exactamente el mismo.

    Ahí aparece un matiz muy interesante.

    El western clásico pregunta:

    «¿Qué hace un hombre cuando no existe la ley?»

    Citizen Vigilante pregunta:

    «¿Qué hace un hombre cuando la ley existe, pero él cree que ya no funciona o no se aplica como debería?»

    Y el antiheroe urbano es un auténtico arquetipo de las generaciones, que no dicen ‘paz hermano’

    No hay nada nuevo en Citizen Vigilante. Lo único nuevo es que, después de años de ausencia, vuelve a incomodar al público un personaje que el cine lleva casi un siglo adaptando.

    Los antihéroes, no son buenos en el fondo, pero hacen cosas buenas, pero haciendo cosas malas.

    Madre mia, que follón. XD

    El anti héroe, es un personaje conflictivo, que no se resigna, que no atiende a razones, que no espera a la justicia, ni la bondad humana y le importan un puto pimiento las consecuencias.

    Es el rollo de «si yo me voy a la mierda, TÚ!! TE VIENES CONMIGO!»

    Esperar que se haga justicia cuando la justicia falla, nos mete ante una doble moralina de cartón piedra.

    Evidentemente, nadie debería tomarse la justicia por su mano, pero imaginad por un momento, si eso lo hiciera la chica que ha sido violada grupalmente… a que ya no te sabe tan mal? A que ya te empieza a picar que la justicia no haya sido, lo suficientemente contundente con los agresores?

    A ver, estamos en un momento de la historia, donde las sociedades, están empezando a perder la paciencia.

    Y cuando eso ocurre, no voy a decir, que sale un Punisher por la esquina. Pero si que es verdad, que la gente se está empezando a organizar:

    • Patrullas ciudadanas
    • Pickpocket hunters
    • Cazadores de depredadores sexuales
    • Justicieros digitales

    Estamos empezando a ver a ciudadanos que deciden actuar al margen de la justicia o de la ley, cuando consideran que ésta ha fracasado o les ha abandonado.

    Por que y ahí está el quid de la cuestión, que ha ocurrido para que vuelva a salir una película como Citizen Vigilante?

    El problema más profundo, es que todas esas películas, The Punisher, Harry Brown…empiezan a interpretar de forma literal, la realidad, por encima de lo que la televisión y la mafia mediática, nos intentan vender, como «normal» o «casos aislados» y claro, eso jode.

    Por qué Citizen Vigilante no se calla, no te está diciendo, «soy una buena persona, por qué me pasa esto a mi, ahora?» no, te está escupiendo a la cara y te está gritando «Eres un imbécil, tragas con lo que te echen»

    Claro, el personaje de Hammer, no es un personaje que intenta caer bien, es más, le sudas la polla, tú y cualquiera. Tiene su propia escala de valores, su propia moral y hasta su propia forma de ganar dinero.

    Hay momentos, que te parece un bestia y una persona sin escrúpulos, pero luego hace una limpieza quirúrgica de elementos, que según él, no deberían estar donde estaban.

    Lo que más me dolió fue ver a los personajes racializados, que tuvieron que interpretar a esos personajes tan miserables y asquerosos. Por que son actores y seguramente son personas la mar de majas.

    Pero que hacemos? Empezamos como en las películas de Disney o Netflix? Ponemos a mujeres a hacer de hombres, y viceversa, y que Hitler lo acabe interpretando un negro?

    A fin de cuentas, cuando salen mafiosos rusos o mejicanos, aquí no se queja nadie verdad? Pues ale, acarrea con lo que te echan, que es la nueva normalidad. Jódete y baila.

    En realidad, Citizen Vigilante jode, por que es un espejo, un espejo de un estado fallido, donde la gente, está llegando a un límite, al que jamás debería llegar. Al de tomarse la justicia por su mano.

    Pero no es fácil controlarlo, con un sistema que te deja abandonad@ y desprotegid@, mientras te vende que «tú seguridad» es lo más importante para «ell@s»

    Antes era la ETA, ahora es el terrorismo islámico y la delincuencia. Siempre tiene que haber un enemigo, para que el dedo no les señale a «ellos».

    La película parte de una visión muy concreta: la de un hombre convencido, que las instituciones y el relato oficial ya no describen la realidad que él percibe y actúa en base a su propia lógica.

    A mi me dejó de piedra, cuando se va de putas y el edificio es suyo y las putas son suyas, tiene otros edificios, que «le hacen perder dinero» y decide desalojarlos, por la fuerza, sin orden judicial.

    Y mientras se tira a la puta, se da cuenta, que hay humedades en sus edificios!!!

    No le importan lo más mínimo esas mujeres, sólo que el servicio sea correcto y que los edificios estén impecables. No ve personas. Ve propiedades, rentabilidad, orden, control.

    Y, sin embargo, ese mismo hombre sale después a «castigar» delincuentes y cómplices de estos, dentro del mismo gobierno.

    Es el típico cabrón de dia y justiciero de noche….

    Creo que es un personaje muy difícil, pero tiene un matiz que aprovecha.

    Es el típico personaje, que para justificar todo lo que hace, debe equilibrar la balanza (a su manera por supuesto) manteniendo el equilibrio dentro de su psique.

    El personaje necesita convencerse de que sigue siendo una buena persona. No porque lo sea según la moral convencional, sino porque su propia brújula moral se lo exige. Por eso castiga a unos mientras explota a otros. No vive una contradicción: para él ambas cosas pueden coexistir.

    ¿Cómo consigue un personaje tan moralmente contradictorio seguir viéndose a sí mismo como alguien que hace lo correcto?

    El truco está en que no lo hace por nosotros, lo hace por él. El justiciero moderno no busca salvar el mundo; busca ordenar SU mundo.
    El caos le molesta, la delincuencia le parece sucia (por que lo es) como también las humedades de sus bloques.

    Al final, Citizen Vigilante nos vuela la cabeza porque subvierte el mito: nos quita al héroe de gran corazón y nos deja con un psicópata eficiente. Un cabrón que limpia la basura de la acera solo porque prefiere ver el suelo limpio.

    Aplicando la misma lógica fría con la que gestiona sus propiedades, compartimenta su mente. Divide el mundo entre lo que es productivo y lo que no lo es.

    Esa es la trampa de la película y la razón por la que escuece tanto. No estamos ante un cómic de superhéroes como Avengers, donde el bien y el mal están claros. Estamos ante el espejo de una sociedad rota, cansada e individualizada, donde la línea entre el orden y la tiranía se ha vuelto invisible. Citizen Vigilante no viene a darnos respuestas morales reconfortantes. Viene a recordarnos que cuando las instituciones fallan y el ciudadano se quema, el «salvador» que sale a la calle raramente es un santo. Casi siempre es un monstruo que, simplemente, odia a los mismos que odias tú.

    Es, como mínimo, un bofetón necesario.

    Aceptamos el follón moral. Porque la alternativa es seguir tragando.

    Y lo peor de todo, lo que de verdad nos hace retorcernos en la butaca, es que cuando salimos del cine a la calle… miramos a nuestro alrededor y, casi por un segundo, le damos las gracias.

    PD: Está mal decirlo, pero a mi se me pasan cosas muy feas por la cabeza, cuando veo maltratadores/as de animales…muy muy feas y no pensaría, que estoy haciendo nada malo y posiblemente, no tendría remordimientos.

    Por que aquí

    MANDO YO!!

  • La Casa Gucci…

    O cómo dinamitar tu propio paraíso en la tierra.

    Pues sí, no la había visto todavía y la tenía pendiente. Es lo que me gusta del verano: además de los chapuzones en la piscina, me meto maratones de películas pendientes que dan gusto. Y a esta le tenía ya muchas ganas.

    El elenco es bueno de cojones. Mención especial al puto Jared Leto; por cierto, no sabía ni que salía en la película. No tenía ni pajolera idea, pero fue ver a su personaje, fijarme bien y decir: «Coño, si este es Jared Leto, ¡la madre que lo parió!». Yo creo que este tipo es la Mística de los X-Men, porque no es normal cómo se transforma en cualquier persona. Cada papel que interpreta es una vuelta de tuerca a un mundo donde solo él sabe ir. Tengo que reconocer que me dio pereza verla en versión original y no sé qué voz puso, pero desde luego el papel no es que esté clavado, es que el tipo lleva la caracterización al límite de la salud mental.

    Jared Leto, pasen, vean y se encuentran algo mejor…cómprenlo…

    Y Lady Gaga, pues está en su salsa. Con su ascendencia italo-estadounidense (Stefani Joanne Angelina Germanotta), el apellido deja claro su origen. Curiosamente, en Hollywood hay una cantidad bastísima de actores y músicos de origen italoamericano: desde Al Pacino y Robert De Niro (ese que solo sabe hacer dos papeles: «mafioso-italiano» e «italiano-mafioso»), hasta Madonna y Frank Sinatra. Es una comunidad que ha tenido una influencia enorme en la cultura estadounidense desde mediados del siglo XX.

    Bellisima, stronza di merda

    Luego, pegados con cola, están el «Kylo Ren» Adam Driver interpretando a Maurizio Gucci, y Salma Hayek encarnando a la tarotista loca, Pina. Para rematar, salen actores de la talla de Jeremy Irons, Al Pacino, Camille Cottin (y su napia) y Jack Huston. Todo esto dirigido por el inefable Ridley Scott, creador de Blade Runner o Alien, entre otras obras colosales. Con este despliegue, nada podía salirse del tiesto.

    Bueno, como siempre, destripo mínimamente la peli en plan cuchillo jamonero y luego ya voy al corte de cirujano. Empiezo:

    La película va de la familia Gucci. No desde los inicios, sino desde el fin de una era: la de Rodolfo Gucci (Jeremy Irons), heredero de la firma y «digno emperador» de la moda italiana. Un hombre con un savoir-faire impecable rodeado por una caterva de parientes que no saben encontrarse el culo con las dos manos. Así tal cual lo digo, y me quedo corta.

    The King of Rancio Abolengo

    ¿Sabéis eso de «el abuelo la monta, el padre la disfruta y el nieto la revienta»? Pues este es el tema principal de la película, y quien diga lo contrario MIENTE vilmente. Los personajes son, como poco, absurdos, melancólicos y aprovechados.

    Lady Gaga interpreta a la tipa que mete el braguetazo liándose con Maurizio. Y qué queréis que os diga, a ese imbécil le tocó la lotería. Pero como Maurizio es un psicópata integrado de manual, tampoco se le puede dar un premio. De hecho, es un tipo que desde el principio de la película no sabe hacer la O con un canuto; el típico playboy italiano que no sabe ni servir un Martini. Después de echar cuatro polvos con la Gaga, se planta en su casa diciendo «que m’han echao de mi kely». Menos mal que Patrizia tenía dinero y su padre una empresa, y lo pone a currar limpiando camiones.

    Claro que, como buen psicópata integrado, es un tipo que se mete a todo el mundo en el bolsillo. Es el típico que va pajareando por aquí y por allí, mariposeando sin dar un palo al agua. Total, cuando se muera su padre, heredará la fortuna… sí o sí. Y eso es lo que ocurre: hereda y la vida de Patrizia cambia por completo de la noche a la mañana.

    Ponga un psicópata en su vida, adóptelo y le sacará los ojos, como los cuervos.

    Ahora bien, hay que decir que Patrizia tampoco es una santa. Ella está acostumbrada a vivir la buena vida, a llevar los negocios de su padre y a mover dinero. Cuando conoce a Maurizio, ve el braguetazo del siglo; a fin de cuentas, para ella él es una inversión. Yo no me voy a meter en si eso está bien o mal, pero en las altas esferas la generación que sustituye al mando debe estar a la altura. Ese tipo de gente mira con lupa con quién se casa o quién se les acerca; los vigilan y hacen investigaciones previas. Tú ahí no entras si no hay alguien detrás dando el visto bueno. Así que no, ahí no se mete cualquier mindundi. Sería muy inocente pensar que este perfil de personas se casan por «amor» y ya está. Ojalá; eso significaría que tienen un mínimo de capacidad humana que, en realidad, jamás tendrán. Aquí cada uno mira por su negocio.

    Al principio, Maurizio no está muy seguro de seguir con el imperio familiar, pero Patrizia le espolea: «Tú tira, que esta es la gallina de los huevos de oro». Y así es como acaban quedándose con las acciones y la herencia. Solo hay un problema: ella se deja influenciar por la loca de Pina, que le mete en la cabeza que «hay gente que le quiere quitar el trono». Patrizia, en vez de desconfiar del abogado de Maurizio, cree que es la propia familia de su marido la que quiere arrebatarles el resto de las acciones.

    La Rasputina del apocalipsis familiar

    El error más gordo, a mi entender, es que inician una guerra de clanes familiares. Y en las guerras nunca hay ganadores: todos son perdedores. El desgaste al que llegas nunca es una buena señal, y menos para una familia tan dispar. Yo hubiera hecho piña (una piña familiar, una hidra de varias cabezas). Al ver la película te das cuenta de que cada miembro tiene una idea muy clara de lo que son los negocios, pero mientras el padre (Jeremy Irons) vivía, nunca se habían pisado la bata los unos a los otros. Se criticaban, sí, pero se respetaban las formas y los cambios se hacían paulatinamente mediante decisiones conjuntas.

    Empezar una guerra interna solo lleva a la destrucción y a la balcanización de la firma, generando unos pufos de millones que arrastran durante años. ¿Y por qué esto es nefasto? Porque ahí es cuando llegan los grandes tenedores, las macroempresas y los fondos de inversión (los buitres y las hienas, vamos). Dejas de tener libertad real a cambio de una «supuesta seguridad», cuando una firma así, bien llevada, podría ser muchísimo más independiente y rentable.

    Cuando analizas a los personajes, ves que cada uno tiene una visión del comercio completamente personal. Todos hacen un buen trabajo a su manera, pero para que todo fluya debe haber coordinación. Hoy en día, las grandes firmas contratan a bufetes de psicólogos corporativos para ayudar a equilibrar los egos. Si no, es imposible que todo el mundo reme en la misma dirección: hacia el triunfo, tanto económico como de prestigio.

    El ejemplo perfecto lo tenemos desde el principio: Rodolfo (Jeremy Irons) es partidario de que la firma mantenga su estatus de «antigüedad» porque eso le da caché. Se casa con una alemana y mantiene ese perfume de rancio abolengo que los caracteriza. Aldo Gucci (Al Pacino), por el contrario, es el rey del trabajo de campo: se pone en contacto con artistas y famosos para que pasen por sus tiendas y salgan en las revistas con su «última adquisición», mientras revende en el mercado negro imitaciones o «réplicas» (como él las llama) para personas que jamás podrían permitirse un bolso de 6.000 o 15.000 dólares. Y finalmente Paolo Gucci (Jared Leto) representa la nueva hornada. En aquella época se veía como una locura lo que proponía, pero hoy en día todas las marcas hacen lo mismo: Armani tiene Emporio Armani o Armani Exchange, Versace tiene Versace Jeans, y Prada cuenta con Miu Miu.

    El Gypsy del Top Manta Premium

    Todas han aprendido que el mercado de lo que funcionaba hace cincuenta años se apaga. Hay que fusionar la marca con la modernidad sin perder el prestigio de antaño. Así conectas con nuevas generaciones que jamás sabrán de dónde venía el fundador, pero saben que les gusta, que son adquisiciones caras y que les dan estatus sin parecer que van vestidos como sus abuelos.

    Pues, por desgracia, nada de esto ocurre en la película.

    Pina le sigue el juego a una Patrizia despechada cuando Maurizio le pide el divorcio y se larga con una rubiaca a pasar las vacaciones en los Alpes suizos con sus «nuevos-viejos» amigos. Es entonces cuando planean asesinar a Maurizio. Pero antes de eso, Maurizio, conchabado con Patrizia, arruina a Aldo y a Paolo. ¿Y qué hace Maurizio cuando consigue todo lo que quiere? ¡Malvende la marca ENTERA a un capital inversor extranjero!

    Se puede ser idiota… ¿pero tanto? Pues todavía se puede ser más lerdo. Cuando logra el control gracias a Patrizia, lo primero que hace es deshacerse de ella porque en su «nueva vida» ya no encaja. Joder, tu mujer te ha dado una hija, te ha dado un trabajo, te ha mantenido, te ha ayudado a ganarlo todo… ¿y qué haces tú? Tirarlo todo por la borda y cagarte encima.

    Aunque creo que el asesinato no es la solución, puedo empatizar con una Patrizia herida en lo más profundo por la traición. Vuelvo a repetir que Maurizio actúa como un psicópata integrado de manual: se comporta de forma parasitaria hasta que encuentra un huésped más grande, en este caso, el capital inversor extranjero. Y aunque él cree que en esa empresa de inversiones va a poder comprarse Lamborghinis de tres millones, casas de quince millones, yates y vivir la vida sin límites y sin dar un palo al agua, es precisamente ahí donde le paran los pies: «Frena, que aquí no estamos para tus caprichos». Es en ese instante cuando se da cuenta de que siempre hay un pez más grande y de que, sin Patrizia, él no es nadie.

    Aunque yo tengo una teoría propia… y es esta:

    The Kingmaker o
    The Shadow Director
    Elijan ustedes. Yo todavía no me he decidido.

    El abogado Domenico De Sole (Jack Huston) estaba liado con Patrizia. Ella estaba despechada y él quería deshacerse de Maurizio para convertirse en el director de la marca. Juntos planearon el asesinato, pero al final solo se lo comieron Patrizia, Pina y los sicarios.

    ¿Por qué pienso esto? Porque en la película se deja ver cierta química entre ambos. Aunque luego Patrizia le advierte a Maurizio que desconfíe del abogado, Maurizio es incapaz de hacerlo porque Domenico le ha llevado los negocios a su padre de toda la vida. Es la forma más lógica de que Maurizio caiga en su propia trampa por culpa de su soberbia. Ya sabes: «los enemigos de mis enemigos son mis amigos»… Pues no, Maurizio, no. La has cagado de lleno.

    También me sorprende que en aquella época, con la de millones y poder que manejaban, y con las mafias italianas de los años 80 y 90 matándose entre sí (el dueño de la Fiat cambiaba cada día de coche, de ruta y hacía mil peripecias por seguridad), Maurizio no tuviera ni guardaespaldas. El tío iba en bicicleta y mantenía unas rutinas fijas… Qué despiste de hombre. Pero claro, los psicópatas integrados suelen creer que están por encima del bien y del mal y que nunca les va a ocurrir nada porque son «especiales»… Sí, especialmente idiotas.

    Es solo una hipótesis, pero es una muerte muy casual que, curiosamente, solo benefició a una persona: Domenico De Sole.

    Por lo demás, creo que esta película en realidad se debería haber titulado Los Soprano.

    Recordad que aquí… ¡MANDO YO!

  • Sola y borracha….venga ya!

    Que tal estais cucarachos?

    Yo llevo toda la semana que da igual lo que haga, duermo = sudor, veo una peli = sudor, camino = sudor, me quedo quieta = sudor, me ducho = sudor, ceno = sudor….

    No se si os pasa lo mismo, la temperatura en mi casa ya no baja de los 30º …que me da igual, que ya puede apretar el calor, que recuerdo veranos como estos, trabajando en el Tequila, donde NO TENIAMOS AIRE ACONDICIONADO!!! donde habían tres o cuatro ventiladores llenos de roña hasta la bandera y que sólo apuntaban a los clientes, y aun con todo y con eso, con las neveras a todo trapo dentro de la barra, servía birras y cubatas como si no hubiese un mañana, con las greñas sueltas por el culo, e ir medio desnuda en la barra.

    Es que, como decía mi abuela, «los jóvenes os quejáis por vício, no sabéis lo que es pasar hambre»

    Y que razón tenia.

    Hoy el post, no va del calor, va de una crítica social (para variar) sobre las absurdas exigencias de la gente, cuando ya el derecho a la pataleta, se ha convertido en un sin sentido tremebundo de desavenencias.

    Estaba hablando con un amigo este din de semana, con el que fui a darme un buen voltio por parques del centro de Barcelona, y decíamos:

    El tema de «sola y borracha, quiero volver a casa»

    Si claro, y yo quiero que se inventen los teletransportadores, del estilo Star Trek de una puta vez…

    Vivimos en una falsa sensación de seguridad, donde las personas, creen, que el mundo es un lugar seguro.

    Hasta cierto punto, si lo es, al menos en occidente, pero si te vas a países como la India, Haití u otro del estilo, te darás cuenta, que esa falsa sensación de seguridad, es fluctuante.

    Ya no os cuento, el caso, de la chica que se fue a recorrer el mundo y se la cargaron…pero volvamos al tema.

    Pongamos que un dia, vuelves a tu casa SOLA Y BORRACHA, ok, tienes todo el derecho del mundo a hacerlo, no hay delito tipificado que culpabilice esa acción.

    Bien, estás tan borracha, que subes las escaleras del metro, nadie te sigue, nadie te ha parado, nadie te ha dicho NADA, es más en la calle no hay nadie. Continuas andando y cuando llegas cerca de tu casa, como te sientes que quieres llegar rápido, aceleras, tropiezas con el bordillo, estampas tu jeto contra una farola, vale! te has hecho daño, pero NO PASA NADA, ESTÁS VIVA, aceleras por que te duele y quieres llegar a casa, pero eres tan jodidamente idiota y estas tan jodidamente borracha, que te vuelves a tropezar, te estampas contra una pared, esta vez el golpe es más fuerte, del retroceso, te caes de espaldas, con tan mala folla, que te abres la crisma, tienes una rotura de cráneo y como estás SOLA y casualmente, NO HAY NADIE EN LA CALLE, te desangras en el suelo.

    El primer transeúnte que pasa a tu lado, es una mujer que se iba a trabajar, te intenta mover, ve que no tienes reacción y llama a una ambulancia, ella se va a trabajar cuando recogen tu cuerpo y adiós muy buenas.

    Claro que si, acabas de llegar a tu casa SOLA Y BORRACHA!!! pero muerta y nadie te ha tocado un sólo pelo, todo te lo has hecho tú.

    Entendemos ahora, por que es estúpido defender semejante gilipollez? Llegan tus padres, se cagan en todo y culpan al ayuntamiento, de que no hubiera un policía cerca, culpan al gobierno, de poner aceras demasiado duras, que deberían ser anti caídas, claro, no hechas para resistir el paso del tiempo y la fricción, no ..ni mucho menos, que lo importante es que si te caes, que no te puedas hacer daño.

    Así llegaríamos, hasta el capítulo de House of Cards, del «melocotonoide» una tipa, va hablando por teléfono mientras conduce y se fija en una escultura en medio de una rotonda se estrella, se mata y la culpa es de la escultura, no de que ella, fuera mirando algo que no debía mientras conducía.

    Aquí en Barcelona sucedió un caso que siempre me ha parecido muy ilustrativo.

    Un conductor perdió el control de su vehículo después de distraerse mirando un enorme anuncio publicitario situado en el entonces Fashion Café. El coche invadió la acera y atropelló a varios peatones, con un desenlace trágico.

    Lo interesante no es solo el accidente, sino el debate que se abrió después. Si el conductor se distrae mirando un anuncio, ¿de quién es la culpa? ¿Del anuncio? ¿Del establecimiento? ¿De la empresa que lo colocó? ¿O de quien, voluntariamente, apartó la vista de la carretera?

    En aquella época hubo una gran polémica sobre la posible responsabilidad del Fashion Café, cuya imagen estaba asociada a supermodelos como Naomi Campbell, Claudia Schiffer y Elle Macpherson. Con el paso de los años, lo que quedó claro para mí fue la pregunta de fondo.

    Porque si aceptamos que cualquier elemento capaz de distraer puede convertirse en responsable de una tragedia?
    Entonces no habrian límites.
    Habría que retirar las vallas publicitarias, las esculturas de las rotondas, los escaparates llamativos, las luces de Navidad, los edificios singulares… cualquier cosa que pueda hacer que alguien deje de mirar donde debe.

    Y, sin embargo, todos sabemos cuál era el verdadero problema: el conductor dejó de prestar atención a la carretera.

    La realidad es incómoda. No podemos construir un mundo donde sea imposible distraerse, equivocarse o cometer imprudencias. Lo que sí podemos hacer es organizarnos y aprender para reducir los riesgos y exigir responsabilidades a quien realmente toma la decisión que provoca el daño.

    Sabemos que el riesgo existe. Precisamente por eso debemos organizarnos para reducirlo todo lo posible, sin caer en la ficción de que podremos eliminarlo por completo.

    Porque si mañana desaparecieran todas las agresiones sexuales, seguirían existiendo los accidentes de tráfico, los incendios, los derrumbes, las enfermedades, los robos… Vivir implica convivir con la incertidumbre.
    La cuestión es qué hacemos como sociedad para que esos riesgos sean cada vez menores.

    Por eso me gusta más hablar de seguridad razonable, que de seguridad absoluta.

    No podemos controlar las acciones de los delincuentes antes de que ocurran. Eso sería vivir en Minority Report.
    Lo que sí podemos controlar es cómo diseñamos nuestras ciudades, cómo educamos, cómo actuamos cuando se denuncia un delito, cómo perseguimos al delincuente y cómo nos organizamos para que cada vez tengan menos oportunidades.

    Pensemos en, aceptar la realidad pero, sin resignarnos a ella.

    La realidad no cambia porque la neguemos, pero tampoco mejora porque nos resignemos a ella.
    Aceptar que un problema existe no significa aceptarlo como inevitable.

    Acepto que existen los asesinatos. Si, pero no me resigno a que existan.
    Acepto que existen las violaciones. Si, pero no me resigno a que existan.
    Acepto que existen los robos. Si, pero no me resigno a que existan.

    Negarlo sería absurdo.

    Resignarse también.

    Creo que la postura que tengo, se parece bastante a la de Karl Popper cuando hablaba de la «ingeniería social gradual». Popper criticaba tanto las utopías que prometían una sociedad perfecta, como la resignación de pensar que nada podía mejorar.
    Su idea era: no construiremos un mundo perfecto, pero sí podemos hacerlo mejor corrigiendo problemas concretos uno a uno.

    No estoy hablando de vestir de una manera para evitar provocar a un agresor. Estoy hablando de vestir de una manera que no me reste capacidad si tengo que salir corriendo, forcejear o defenderme. Son dos cosas completamente distintas.

    Durante años salía de trabajar a las tres de la madrugada. Nunca llevaba tacones. Siempre iba con deportivas. Además andar con tacones 1.4 kilómetros en una caminata de más de 45 minutos, era meterse un tiro en el pie. Y no, ni había dinero para taxis, ni para autobuses…Procuraba no repetir siempre el mismo recorrido. Aunque hiciera calor, solía llevar una camiseta encima. No porque creyera que enseñar más o menos piel cambiara a un delincuente, (de hecho he ido muchas veces con tops por la noche, pero con condiciones) sino porque, si alguien intentaba agarrarme, no quería que mi propia ropa se convirtiera en un obstáculo.
    Cualquier prenda que limite la movilidad puede ser una desventaja si necesitas huir o defenderte.

    Ese principio también se aplica a:

    Unos tacones de 12 cm, una falda tubo muy estrecha, un vestido que se rompe con facilidad, un abrigo largo que se engancha o un burka que limita la zancada o la visión periférica.

    Si algún día tengo que salir corriendo, quiero poder correr. Si tengo que dar una patada, quiero poder darla. Si tengo que forcejear, no quiero que mi propia ropa juegue en mi contra. Da igual que esa ropa sea un vestido de tirantes, unos tacones de aguja o una prenda que limite mis movimientos. El problema no es la estética. El problema es la funcionalidad.

    La libertad consiste en poder elegir. Y yo elijo no ponerme obstáculos a mí misma por si algún día tengo que reaccionar.

    Soy de esas personas que, cuando sale a la calle, mira a su alrededor antes de echar a andar. Observo el entorno. No dejo que mi perro se aleje demasiado. No voy por la vida buscando demostrarme nada ni pensando que soy inmortal.

    Si algún día veo una injusticia y creo que puedo hacer algo (sin convertirme en otra víctima en el intento) probablemente lo haga. Pero una cosa es actuar y otra muy distinta hacerlo de forma temeraria. o impruedente.

    Una vez alguien me dijo: «Esa sensación de invencibilidad que tienes no es buena». Y quizá tenga parte de razón.

    Porque el peligro existe.

    Siempre ha existido.

    La diferencia es que yo no quiero vivir pendiente del miedo. Prefiero vivir pendiente de la realidad.

    La realidad me dice que no puedo controlar todo lo que ocurre a mi alrededor, pero sí puedo controlar cómo me preparo, cómo observo mi entorno y cómo reacciono cuando algo no me cuadra.

    No hago esas cosas porque crea que el mundo es un lugar horrible.

    Las hago porque sé que no es un lugar perfecto, ni seguro aunque nos intenten vender lo contrario.

    El peligro existe. Lo que me niego es a que el miedo tome todas las decisiones por mí.

    Os voy a poner como ejemplo una película muy dura, de Monica Bellucci, «Irreversible»

    Cuando ves la película con calma, empiezas a identificar una bandera roja detrás de otra. Ninguna de ellas provoca la agresión. Ninguna convierte a la víctima en responsable. Pero todas forman parte de un contexto que aumenta el riesgo. Y reconocer que ese riesgo existe no es culpabilizar a la víctima; es aceptar que el mundo real no funciona como nos gustaría.

    Además, olvidamos que ahí, hay dos víctimas no una, la mujer y el gay al que matan, y ambas agresiones, son provocadas por la misma persona. Una de forma directa y otra de forma indirecta.

    Otras banderas rojas en esa película, salen directamente de la fiesta, una mujer embarazada, muchas personas desconocidas, un espacio reducido, drogas, alcohol…que ocurriría si ahí se hubiese provocado un incendio, por el exceso de cables del DJ y la saturación de voltaje ?

    Las catástrofes suelen ser el resultado de una cadena de factores, no de un único acontecimiento.

    No se trata de resignarse diciendo «si hay un incendio, mala suerte». Tampoco de prohibir las fiestas. Se trata de entender qué factores aumentan el riesgo y actuar sobre ellos antes de que ocurra la tragedia.

    De lo que estoy hablando es de la anticipación.

    Los bomberos hacen simulacros antes del incendio.
    Los ingenieros calculan la resistencia de un puente antes de construirlo.
    Los pilotos entrenan fallos de motor antes de que ocurran.
    Los médicos hacen practicas de operaciones, antes de operar a seres vivos.
    Los arquitectos diseñan salidas de emergencia antes de que haya un fuego.

    Nadie dice:

    «Bueno, ya veremos qué pasa.»

    ¿Por qué?

    Porque la anticipación salva vidas.

    No se trata de vivir pensando que te va a pasar algo. Se trata de estar preparado por si ocurre.

    La anticipación no elimina el riesgo. Lo reduce. Y reducir un riesgo nunca ha significado renunciar a la libertad.

    No podemos evitar que existan personas que hagan el mal. Lo que sí podemos hacer es dejar de construir escenarios que se lo pongan fácil.

    Por que un/@ put@ chilad@ te l@ puedes encontrar en cualquier sitio, aunque hayan policías cerca.
    Anticiparse a los problemas antes de que sucedan, sin caer ni en la ingenuidad de pensar que nunca pasarán, ni en la resignación de aceptar que no se puede hacer nada.

    Aquí es donde, para mí, fallan los dos extremos.

    Por un lado, un discurso que parece decir: «Tengo derecho a todo y la realidad tendrá que adaptarse a mí.»

    Por el otro, un discurso que viene a decir: «Si te paseas como un filete, luego no esperes que no te devoren.»

    Y no.

    No comparto ninguno de los dos.

    Porque el primero niega la realidad.

    Y el segundo se resigna a ella.

    Ni el mundo es tan ingenuo como para creer que todo va a salir bien porque sí.

    Ni el mundo debería ser tan miserable como para asumir que las mujeres son filetes y los hombres lobos incapaces de controlar sus impulsos.

    Las personas no somos ni presas, ni depredadores por naturaleza.

    Somos una sociedad capaz de anticiparse a los problemas, de aprender de ellos y de construir un entorno donde el delincuente tenga cada vez menos oportunidades de actuar. El ser humano, aprender de sus errores, aunque haya gente que no lo crea, si no no habría evolución.

    Eso no es resignación.

    Tampoco es ingenuidad.

    Es, simplemente, entender que la libertad y la anticipación pueden convivir.
    No podemos elegir el mundo en el que vivimos, pero sí podemos elegir cómo nos enfrentamos a él.

    Y no negar la realidad:

    1 – El peligro existe. Siempre existirá. Negarlo es ingenuo.
    2 – No resignarse a ella. Decir «es lo que hay o estas obligad@ a protegerte» tampoco sirve. Hay que actuar sobre las causas, no sobre las víctimas.
    3 – Anticiparse. La anticipación no es miedo. Es inteligencia. Es observar, pensar y prepararse sin renunciar a vivir.

    No quiero vivir en un mundo donde tenga que ir con miedo.

    Pero tampoco quiero vivir en un mundo donde me pidan que apague el sentido común para no ofender a nadie.

    No me resigno.

    No niego la realidad.

    La observo.

    Y, a partir de ahí, decido cómo quiero vivir en ella.

    Y recordad que:

    AQUI MANDO YO!

  • Por que las pensiones no pueden, ni deben desaparecer

    Atención se viene tocho!! Preparen sus palomitas, Damas y cucarachos!

    Últimamente hay una campaña en contra de los jubilados y los pensionistas que me flipa.

    Hay un montón sobre todo economistas, tradings e influmierders, que no paran de soltar sandeces, sobre las pensiones, que si son un esquema ponzi, que si ellos no tienen que pagar los impuestos que pagan, por que se van a pagar pensiones de gente que no ha cotizado en su vida, que si se pusieran a invertir en treddings y mierdas de esas, pasado mañana se jubilarían con 4 millones de euros en el banco…

    Las opciones y los discursos, son tan puto surrealistas, que da hasta miedo de la ignominiosa ignorancia de estas personas, su mala fe de manual y su puta degeneración integral, con falta de empatía y carencias emocionales integradas.

    Esto define perfectamente el nivel de DELIRIO que hay en las redes.
    Y digo DELIRIO con mayúsculas. No hay mejor forma de definirlo. Estar metido en una habitación frente a una pantalla convenciéndose de que el mundo real funciona a base de gráficos de criptomonedas y que la vida de millones de personas se resume en un «esquema Ponzi» es, literalmente, vivir desconectado de la realidad.

    Para el que no sepa, un esquema Ponzi es una estafa piramidal inventada por un tipo llamado Carlo Ponzi en los años 20. El truco consiste en convencer a la gente para que te dé su dinero prometiéndoles que lo vas a invertir en un negocio milagroso que da unas ganancias altísimas y rápidas. Ese sistema solo funciona de una manera:

    1- El estafador coge el dinero de los nuevos clientes que van entrando.

    2- Usa ese mismo dinero para pagar los supuestos «beneficios» a los clientes más antiguos.

    3- Los antiguos se lo creen, se alegran y llaman a sus amigos para que metan más dinero.

    ¿Cuál es el problema? Que la rueda solo gira mientras entre gente nueva a paladas. En cuanto el ritmo de nuevos inversores baja o unos cuantos quieren retirar sus ahorros a la vez, el sistema colapsa porque la caja está vacía. El estafador desaparece y todo el mundo pierde hasta la camisa.

    La diferencia de las pensiones es como funcionan estas, ¿como definiríamos las pensiones? Así:

    Las pensiones son un sistema de reparto basado en la solidaridad intergeneracional.

    Traducido al cristiano:

    El sistema de pensiones no depende de una hucha cerrada ni solo del descuento de tu nómina, sino de la maquinaria económica de todo un Estado. Funciona a través de los Presupuestos Generales, que recaudan riqueza de todas partes: impuestos directos, indirectos (que pagamos tod@s, hasta los propios pensionistas al comprar el pan y hacer la declaración de la renta y en su descuento mensual del IRPF, el dinero no desaparece del sistema; los propios jubilados siguen alimentando la caja común del Estado de la que luego se nutren las pensiones, la sanidad y la educación.), el IVA, las exportaciones y el PIB general del país; y de ahí se distribuye el dinero para sanidad, educación, empresa pública y pensiones etc etc… Sería un esquema Ponzi si cualquiera pudiera entrar, inflar el negocio y llevarse la pasta cuando quisiera, pero aquí las bases reguladoras controlan estrictamente qué se cobra y cuándo. Además, al estar respaldadas por la riqueza total de la nación y no por un chiringuito financiero, si un año bajan las cotizaciones por el empleo, el Estado está obligado a meter dinero de otros ingresos públicos para garantizar los pagos, asegurando también las pensiones no contributivas por puro derecho social.
    No es una pirámide de inversores; es la riqueza del país garantizando la supervivencia de su propia gente.
    No es que la mitad de un país, da comer a la otra mitad.
    No es un país de funcionarios.
    No es la potencialidad de la pobreza y en adelante explicaré por que.

    Esa es la miopía de los economistas de Twitter o Youtube y de la gente que se enfrasca en mirar solo el concepto de «contingencias comunes» de su nómina. Se creen que la Seguridad Social es una empresa privada con una cuenta corriente aislada y que si esa cuenta se queda a cero, el sistema quiebra y todo se va al garete.

    Pero un Estado no funciona así. Si vienen mal dadas —si hay una crisis brutal, si el paro sube o si los sueldos bajan tanto que lo que se recauda de las nóminas no llega—, el dinero se saca de la riqueza global del país. El Estado tira de la caja común de los Presupuestos Generales: del IVA de todo lo que se consume, del Impuesto de Sociedades de las empresas, de la deuda pública o de los beneficios de la economía nacional.

    Las pensiones no son un producto financiero que compras con tu nómina; son un derecho constitucional garantizado por el Estado. Y el Estado tiene la obligación de financiarlas con los recursos que hagan falta, vengan de donde vengan.
    En un Estado, detrás de las pensiones está el PIB, las carreteras, los aeropuertos, las exportaciones y los impuestos que pagamos todos cada vez que compramos un cartón de leche.

    Cuando un país como España tiene las cuentas temblando y tiene que pedir créditos fuera emitiendo deuda pública (exactamente igual que hacen potencias como Estados Unidos, Japón o Alemania), los listillos de turno culpan a las pensiones. Si hombre, mis cojones!! La deuda la crea la mala administración, el gasto superfluo y un diseño ineficiente donde, por ejemplo, el coste de la estructura pública pesa muchísimo en comparación con la riqueza que genera el sector privado, aunque todo el mundo aporte con sus impuestos (incluidos los funcionarios, que también los pagan).

    Es una verdad como un templo que España se ceba de mala manera con los autónomos y las empresas privadas, asfixiándolos a tasas y trabas. Pero de ahí a decir que si mañana quitamos los impuestos el PIB subiría como la espuma y todos seríamos millonarios, hay un abismo de ignorancia. Quitar el suelo fiscal no hace que el dinero aparezca mágicamente en los bolsillos de la gente de a pie; lo único que hace es dejar desprotegido al que no tiene una red de seguridad.

    En la vida real, las gráficas de trading no sirven para nada porque la vida no es una línea recta.

    Un capullo y su amigo del trading se sientan en un plató a venderte que el secreto es saber de bolsa, saber invertir y meter 5.000€ anuales para jubilarte millonario a los 54 años. Te lo pintan en una pizarra como si la vida fuera una línea recta perfecta de un gráfico de Excel.

    Pero la vida real no es un Excel. En la vida real hay crisis, hay despidos, te quedas en el paro, la empresa quiebra o te viene una enfermedad que te descoloca los esquemas. En la vida real, con sueldos de 1.200€, ahorrar 400€ al mes es una utopía absurda.

    ¿Cuánto creéis que cobran las camareras que os sirven el café cada mañana? Muchas apenas llegan al salario mínimo. ¿De verdad pensáis que alguien deja atrás su familia, su idioma y su país por capricho? No. Muchas personas vienen porque, aunque aquí no se hagan ricas, encuentran algo que en otros lugares escasea: estabilidad, derechos laborales y una red de protección social que ofrece una oportunidad para construir una vida mejor.

    Los sueldos en España no son especialmente altos. Pero, comparado con muchos países, existe una red de seguridad que amortigua los golpes de la vida: sanidad pública, prestaciones, pensiones, bajas laborales, educación… Y eso también tiene un valor.

    Esto no es «el capitalismo es el Deomonio» o «el Estado lo arregla todo» o «Hay que ser neoliberal» aquí hay VARIABLES.

    Lo más peligroso de su discurso es la trampa moral que esconde: si te lo pintan tan fácil, el mensaje implícito es que el que llega a viejo sin cuatro millones en el banco es porque es tont@, no ha sabido invertir o no ha querido trabajar. Es una falta de empatía asquerosa que borra de un plumazo la mala suerte, las dificultades y la desigualdad real.
    No todo el mundo juega en esa liga, no todo el mundo gana lo que ganas ese o el otro. Ni tiene su suerte, ni su mujer, ni su salud o su familia que le apoya.

    Si queréis ver el resultado final de vuestro modelo ideal, no hace falta imaginar mucho: mirad a los Estados Unidos de América. Ese es el paraíso de la privatización y del «búscate la vida» que nos quieren vender.
    Un país donde ves a ancianos de 70 u 80 años arrastrando los pies en un supermercado trabajando por sueldos miserables porque su «hucha» no dio para más y si paran, no comen.
    Un país donde si te viene una enfermedad mala y no puedes trabajar, te vas directo a vivir a la calle porque no hay una red pública que te sostenga. ¿Esa es la modernidad? ¿Esa es la libertad de la que hablan? ¿De verdad queremos convertir nuestra sociedad en esa selva?

    Miraos las películas de Michael Moore y sabréis de lo que hablo.

    Sé que hoy existen programas como Medicare, Medicaid o Social Security. Pero precisamente su existencia demuestra que incluso Estados Unidos ha tenido que reconocer que un país no puede dejar completamente desprotegidos a sus ciudadanos. Durante décadas, documentales como los de Michael Moore mostraron las enormes carencias de un sistema en el que una enfermedad podía arruinar a una familia. Aun así, que nadie se engañe: enfermar gravemente en Estados Unidos sigue pudiendo convertirse en un desastre económico para muchas personas. Que no te pille un cáncer allí… porque, dependiendo de tu cobertura, igual acabas vendiendo un riñón y parte del otro, para pagar el tratamiento…

    Los gurús del Excel siempre hacen las cuentas con una variable constante: que nunca te vas a poner enfermo, que nunca te vas a divorciar, que nunca te vas a quedar en paro, que nunca vas a ser viud@ y que nunca vas a tener mala suerte. El problema es que la vida no ha leído sus hojas de cálculo.

    La vida es imprevisible. Y precisamente por eso existen los sistemas de protección social.

    Nos quieren vender que las pensiones, son una carga social y económica, como si el dinero se tirara a un pozo sin fondo. Pero la realidad de la calle es muy distinta y la estabilidad es una ilusión de cristal.

    Yo he conocido a gente con mucha pasta que, de la noche a la mañana, se ha quedado en la calle. Recuerdo a un compañero cuando trabajaba en seguridad. El tío había sido directivo de una gran editorial hasta los 49 años. Tenía contratos estratosféricos, sueldos millonarios, casa de empresa, coche de empresa… una vida por todo lo alto, a todo trapo. Todo iba sobre ruedas hasta que llegaron dos divorcios y cumplió los 50 años. Ahí se acabó el jolgorio y la zapateta. Con 50 años, nadie le contrataba de directivo, no supo ahorrar, o no quiso…puede ser, pero dos familias habían vivido con él, y ya nadie se hacía cargo.

    Terminó de vigilante de seguridad, con 54 años, ganando lo justo y esperando la jubilación a los 65. ¿Dónde se fue todo el dinero, la casa y el coche? Pues ni puta idea. Pero ese hombre gastó, pagó sus impuestos, tuvo dos familias con hijos y los mantuvo a todos mientras pudo. Cuando el grifo se corta, se corta para siempre. ¿Y qué le queda entonces a una persona así? La jubilación. El derecho a no acabar en la indigencia después de haber aportado toda su vida al sistema.

    Por eso me caliento cuando oigo que las pensiones son un problema.
    Si nos ponemos a hablar de mi abuela (como la echo de menos) la cosa es todavía más clara. Ella era ama de casa. Se pasaba el día haciendo comidas, fregando platos, limpiando ropa y preparando almuerzos. No tenía una nómina, pero trabajaba de sol a sol para sacar adelante a una familia (la mia).
    Todavía recuerdo sus guisos y sus desayunos. Cuando murió mi abuelo (al que también echo mucho de menos) y se quedó viuda, ¿qué se suponía que tenía que hacer si no hubiese existido una pensión de viudedad? ¿Qué pasa si no hay más familia que te pueda ayudar porque todo el mundo está ahogado? Madre mia, gracias a mi abuela a mi me alquilaron el primer piso donde viví sola, bueno a ella y a su pensión de viudedad. Nadie me quería alquilar nada, por mi nómina de mierda y mi edad (21 años)

    Gracias yaya, gracias, fue un pequeño paso para el sistema, pero un gran paso para mi. Mi independencia como mujer trabajadora que ganaba una mierda y que nadie daba un duro por ella. Pero mi abuela si apostó por mi. Y luego se vino a vivir conmigo. Os creeis que la vida es fácil y que a todo el mundo le sobra el dinero? Que todo es maravilloso? Que vivimos en la calle de la piruleta?

    Mi abuela nació en el año 1921 y me explicaba que cuando ella era pequeña, la gente no tenía pensiones y que las personas envejecían muy rápido y si los ancianos habían podido ahorrar y tenían familia, podían tener una vejez satisfactoria, de hecho muchos ahorraban hasta el último céntimo que cobraban. Las mujeres viudas quedaban desamparadas si no había familia que las mantuviera, los niños de ciudad, muchos iban con harapos por la calle, mientras las madres los dejaban solos, por que trabajaban en las fábricas….queremos volver a eso? Al tanto tienes, tanto vales? Al siglo XIX? Ya no hay memoria histórica?

    Queremos volver a una época en la que la vejez dependía casi exclusivamente de la caridad, del ahorro o de que tu familia pudiera mantenerte?

    Las pensiones no aparecieron por que si, aparecieron por que eran una necesidad social enorme. Y sobre esa idea se construye, en buena medida, el Estado del bienestar actual.

    Hace tiempo cuando buscaba un piso de propiedad para comprar con mi ex, hablando con un vendedor de pisos, me comentó que no estaba casado, tenía una hija y de pronto le dio un síncope. El susto fue tal que se dio cuenta de que, si él faltaba, a su mujer le costaría muchísimo levantar la cabeza con un solo sueldo tal y como están las cosas hoy en dia. Tuvieron que casarse a toda prisa por pura seguridad, para que si él faltaba, ella tuviera una pensión de viudedad con la que mantener a la niña. Lo mismo pasa con los enfermos crónicos: hoy estás sano y mañana no puedes trabajar. Nadie tiene la salud comprada.

    Y qué hacemos entonces con el chaval que con 25 años, con toda la carrera y el futuro por delante, sufre un accidente o le diagnostican una enfermedad crónica que lo incapacita? ¿Le enseñamos a hacer trading desde la cama del hospital o le garantizamos una pensión de invalidez para que pueda vivir con dignidad?

    Y por último, que no me vengan con que el dinero de las pensiones se «pierde». El dinero se reinvierte cíclicamente. Un pensionista no se lleva el dinero a un paraíso fiscal (bueno algun@s cabrones y cabronas si…pero no es lo común, a esos se les debería retirar la pensión) ; lo gasta al día siguiente en comida, en el alquiler, en la hipoteca que todavía paga, en la luz o en un regalo de cumpleaños para su nieto, que a su vez volverá a gastarlo en la tienda del barrio.
    Es una cadena que beneficia a las clases bajas y repercute en las medias. El dinero se mueve, no desaparece. Vamos que no se volatiliza de cualquier manera y se esfuma. El dinero fluye y es importante, que fluya en varias direcciones, no en una sóla dirección, si todo el mundo invirtiese en la banca (la ruleta rusa y el casino moderno) SOLO SE LUCRARÍA ESTA ÚLTIMA!!!

    Si todo el dinero de un país se va a fondos de inversión y a especular en bolsa en una sola dirección, los únicos que se hacen asquerosamente ricos son los bancos y los brókers, mientras la economía real de la calle se desangra y se queda sin un duro en circulación. El pensionista, en cambio, devuelve cada euro directamente a la carnicería, al frutería y a la luz o a internet, haciendo que la rueda de todos siga girando.

    Por mi, creo que tengo poco más que añadir, pero daré un par de pinceladas más sobre el tema, que creo, ha quedado bastante desarrollado.

    Si tanto preocupa el gasto público, lo que se debería hacer, es que se empiece a recortar donde se debe y no donde se quiere por comodidad.

    Que les quiten las ayudas a los partidos políticos, que se bajen el sueldo los políticos, que se dejen de comprar iPads los políticos gratis con nuestros impuestos, que los políticos vayan en metro al congreso, que dejen de comprarse trajes de 5000 napos, a irse de putas y rayas de farlopa, que paguen el alquiler y no reciban el dinero de dietas si residen al lado del congreso….ya veríamos como ahí empiezan a salir todas las cuentas…que cierren los chiringuitos inútiles y que metan la tijera ahí, donde toca.

    Pero tocar la red de seguridad de la gente que ha trabajado toda su vida, o de los que se quedan desamparados, es una cobardía.

    Al final, esa red es la que nos puede salvar a cualquiera de nosotros el día de mañana.

    Al final, todo este debate se resume en una pregunta muy simple que ninguno de estos gurús de pantalla se atreve a responder frente a un espejo: si mañana la vida te da un revés —de esos que no salen en tus gráficas de trading—, ¿en qué clase de mundo preferirías despertar? ¿En una selva donde si te caes te devoran, o en una sociedad que te tiende la mano porque entiende que tu dignidad no caduca con la edad?

    Yo lo tengo claro.

    Ojalá los que hablan desde la comodidad de su burbuja de Excel no tengan que aprenderlo nunca a la fuerza.

    Hay una pregunta que tod@s deberíamos hacernos antes de despreciar a l@s pensionistas. Si la vida nos respeta y tenemos suerte, todos acabaremos siendo un@ de ell@s. Envejecer no es un privilegio de un@s poc@s; es el destino natural de cualquiera que consiga llegar. La verdadera pregunta no es si quieres pagar pensiones hoy. La verdadera pregunta es en qué sociedad quieres envejecer mañana.

    Así que por mi abuela y mi abuelo, por el vigilante, por el vendedor de pisos y su mujer, por mi y por tod@s los que sostienen este país: las pensiones y l@s pensionistas se defienden.

    Porque defenderl@s a ell@s es, en realidad, defendernos a nosotr@s mism@s.