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    STAR WARS VS DUNE

    Cómo una novela de 1965 terminó convirtiéndose en el «fantasma» o pilar de la ciencia ficción moderna

    Dune

    Voy a dar mi opinión, sobre lo que he llegado a ver hasta ahora y he investigado por mi cuenta que no ha sido poco. Ya comenté, que quería hacer un post de investigación de «esos» de, fotos, detalles, se dice, se comenta, se muestra aquí y allí esto y lo otro.

    Estuve hace poco en una exposición, que hicieron sobre Star Wars, en el edificio Casa Cupra de Paseo de Gracia en Barcelona, del 28 de julio al 22 de septiembre de 2026, de donde saqué todas las fotos que van a ilustrar este post.

    Bien, quien no conozca Dune, lo primero que debe saber es…

    1. El falso duelo
    “¿Dune vs Star Wars? En realidad estamos comparando dos cosas distintas.”

    Cada vez que se habla de Dune y Star Wars acaba apareciendo inevitablemente la misma pregunta: ¿cuál de las dos es mejor? Y probablemente esa sea la pregunta equivocada.

    Las dos comparten desiertos, imperios galácticos, casas enfrentadas, poderes casi sobrenaturales, guerras por el control de mundos y una estética que, vista desde fuera, puede hacer pensar que estamos hablando de dos obras pertenecientes al mismo universo. Pero ahí termina buena parte de la comparación.

    Star Wars es, ante todo, un mito moderno convertido en espectáculo cinematográfico. Su estructura bebe del viaje del héroe, de los cuentos de hadas, de los seriales de aventuras, del western, del cine de samuráis y de la tradición de la space opera. Su enorme virtud fue coger todo ese imaginario meterlo en una coctelera y convertirlo en una historia visual, accesible y universal.

    Dune, en cambio, juega en otra liga.

    Frank Herbert publicó la novela en 1965 y utilizó la ciencia ficción como un laboratorio para hablar de cuestiones bastante menos cómodas: el poder, la religión, la ecología, el fanatismo, la manipulación de las masas, el colonialismo, la economía de los recursos, la evolución humana y sobre todo, el peligro de convertir a un líder carismático en un salvador.

    Por eso la comparación más interesante no es Dune contra Star Wars, como si dos equipos estuvieran compitiendo por el mismo trofeo.

    Es entender qué hizo cada una con la ciencia ficción y por qué una obra que parecía destinada a un público minoritario terminó dejando huellas en una cantidad enorme de películas, libros, videojuegos y mundos imaginarios posteriores.

    Si Star Wars fue quien consiguió que millones de personas se enamoraran de la ciencia ficción, Dune puede entenderse como un@ de sus grandes abuel@s intelectuales, es decir:

    Una obra anterior que ayudó a demostrar que detrás de naves, planetas y civilizaciones futuras podían esconderse preguntas mucho más grandes y existenciales sobre nosotros mismos.

    Y para entender por qué la comparación entre ambas resulta tan fascinante, primero hay que responder a una pregunta mucho más sencilla:

    ¿Qué demonios es realmente Dune?

    2. Qué demonios es Dune

    «Que es y que no es Dune»

    10 Cosas que SÍ es Dune

    1. Una advertencia contra los héroes y líderes carismáticos: Muestra cómo el fanatismo ciego hacia un "salvador" puede llevar a la destrucción y al genocidio a escala galáctica.
    
    2. Económica y geopolítica pura: Todo el universo conocido gira en torno al control de un único recurso natural escaso y vital (la especia Melange)  "parecido" al petróleo en el mundo real.
    
    3. Ecológica y ambientalista: Explora con rigor científico cómo el clima, la escasez de agua y el ecosistema de un planeta moldean la cultura, la biología y la supervivencia de sus habitantes.
    
    4. Feudalismo espacial: La sociedad está estructurada en Grandes Casas nobles (los Atreides, los Harkonnen), un Emperador y un monopolio comercial (la Gran Cofradía), sin espacio para la democracia.
    
    5. Una historia sin Inteligencia Artificial ni ordenadores: Tras una antigua guerra contra las máquinas (la Yihad Butleriana), la tecnología robótica está prohibida; en su lugar, se entrena la mente humana hasta límites sobrehumanos (Mentats parecidos a los Jedi).
    
    6. Estrategia y manipulación política: Las batallas importantes se ganan con traición, espionaje, venenos, propaganda y planes dentro de otros planes, no con potencia de fuego bruta.
    
    7. Manipulación religiosa a largo plazo: Muestra cómo una orden mística (las Bene Gesserit) planta profecías y supersticiones falsas durante siglos en mundos primitivos para usar a la población cuando le convenga.
    
    8. Evolución y potencial humano: Indaga en el control absoluto del cuerpo, la mente, la memoria genética y la percepción del tiempo mediante el entrenamiento riguroso y el uso de sustancias.
    
    9. Filosófica y sociológica: Se centra en la psicología profunda, la religión comparada, el destino, la memoria colectiva y los dilemas morales de sus personajes.
    
    10. La cimentación de la ciencia ficción moderna: Es la gran obra maestra literaria de 1965 de la que bebieron (y saquearon) casi todas las sagas de ciencia ficción que vinieron después.

    10 Cosas que NO es Dune

    1. No es el cuento clásico del bien contra el mal: No hay héroes puros ni villanos de caricatura; todos los bandos se mueven por intereses, supervivencia y ambición política.
    
    2. No es una aventura espacial de acción rápida: No esperes tiroteos constantes, persecuciones de naves ni combates espaciales a cada minuto; prima el diálogo, la intriga y la tensión soterrada.
    
    3. No es una historia con final feliz o reconfortante: El viaje del protagonista no busca "salvar el día", sino que desencadena consecuencias trágicas e inevitables a nivel masivo.
    
    4. No es la típica historia de "el elegido": Aunque existe la figura del Kwisatz Haderach, la obra deconstruye ese mito para mostrar lo peligroso y aterrador que es que alguien cumpla esa profecía.
    
    5. No es ciencia ficción "de fantasía de luz": Es un universo oscuro, claustrofóbico, denso y éticamente complejo donde la compasión suele pagarse con la muerte.
    
    6. No es una película/libro fácil ni digerible a la primera: Requiere atención constante a su vocabulario, su genealogía, sus facciones y sus reflexiones internas para no perderse.
    
    7. No es un mundo dominado por la tecnología futurista habitual: No hay robots, ni androides serviciales, ni láseres masivos usados como armas comunes (disparar un láser a un escudo causa una explosión atómica).
    
    8. No es una copia de Star Wars: Es exactamente a la inversa, la obra de Frank Herbert se publicó 12 años antes de que George Lucas estrenara su saga.
    
    9. No es una historia enfocada en aliens ni especies extraterrestres: Prácticamente todos los personajes, por mutados o extraños que parezcan, son humanos y facciones derivadas de la Tierra.
    
    10. No es una simple obra de entretenimiento superficial: Fue concebida como un tratado sociológico y político disfrazado de novela para hacer reflexionar al lector sobre el poder y la naturaleza humana.
    
    
    

    3. La bomba de Herbert

    «Política + religión + ecología + mesianismo + humanidad contra máquinas»
    La saga principal de Dune escrita por Frank Herbert consta de 6 libros (o tomos). la extensión media en español es la siguiente:
    
    Dune (1965) – Aprox. 700 - 780 páginas.
    
    El mesías de Dune (Dune Messiah, 1969) – Aprox. 300 - 320 páginas (es el más corto de la saga).
    
    Hijos de Dune (Children of Dune, 1976) – Aprox. 500 - 550 páginas.
    
    Dios emperador de Dune (God Emperor of Dune, 1981) – Aprox. 600 - 650 páginas.
    
    Herejes de Dune (Heretics of Dune, 1984) – Aprox. 650 - 700 páginas.
    
    Casa Capitular Dune (Chapterhouse: Dune, 1985) – Aprox. 600 - 650 páginas.

    (páginas según formato, de bolsillo, tapa dura, cartoné etc…)

    En total, la hexalogía original de Frank Herbert suma unas 3.500 a 4.000 páginas de universo literario.

    La ciencia ficción de esa época dorada —tanto en la literatura como en las obras maestras que lograron dar el salto con rigor— no utilizaba el futuro o el espacio como un simple escenario para poner luces y explosiones, sino como un laboratorio de ensayo filosófico y sociológico. (ejemplos: Blade Runner, revistas 1984 y Metal Hurlant / Heavy Metal:, 2001: Odisea del espacio (1968), Eternauta (Oesterheld), ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? / Ubik (Philip K. Dick), La mano izquierda de la oscuridad (Ursula K. Le Guin)…)

    Nota: Existen muchísimos libros más que funcionan como precuelas y secuelas escritas años después por su hijo, Brian Herbert, junto a Kevin J. Anderson, pero el canon original y la obra maestra indiscutible son exclusivamente estos 6 tomos

    El verdadero propósito de obras como Dune es usar la hipótesis del futuro para plantear preguntas humanas universales y profundamente incómodas:

    Ética y Poder: ¿Qué ocurre cuando le entregas tu destino a un líder que crees perfecto?
    
    Ontología y Conciencia: ¿Hasta dónde se puede expandir la mente humana antes de perder la humanidad?
    
    Determinismo vs. Libre Albedrío: Si Paul Atreides puede ver el futuro, ¿está atrapado en él o puede cambiarlo?
    
    Ecología y Existencialismo: ¿Cómo condiciona el entorno extremo la moral y la fe de una sociedad?

    En los 60, 70 y 80, autores como Frank Herbert, Philip K. Dick, Ursula K. Le Guin o Isaac Asimov escribían para lectores que buscaban esa densidad. Star Wars lo que hizo fue coger la envoltura visual de esa época, despojarla de la carga filosófica incómoda y transformarla en un mito clásico del viaje del héroe, perfecto para el consumo rápido y el merchandising.

    Mientras que Star Wars convirtió los robots de Asimov en sirvientes simpáticos (C-3PO y R2-D2) y Dune decidió prohibir las máquinas por completo en su universo (la Yihad Butleriana), Asimov fue quien usó la ciencia ficción como una herramienta puramente intelectual para hacer que el lector pensara de forma rigurosa.

    Por eso, para quien busca respuesta a preguntas filosóficas profundas, Dune no es solo una historia más: es el terreno definitivo.

    La saga de Fundación (1951) y la Psicohistoria

    Mucho antes de que Frank Herbert escribiera Dune, Asimov inventó el concepto de la Psicohistoria: una ciencia matemática capaz de predecir el comportamiento futuro de grandes masas de población a lo largo de milenios.

    Asimov se hizo la gran pregunta filosófica: ¿Es el ser humano libre o se puede calcular matemáticamente el destino de una civilización entera?
    
    Frank Herbert leyó a Asimov y quiso responderle con Dune: mientras Asimov creía en la lógica, la ciencia y la planificación para salvar al Imperio, Herbert argumentó que la mente humana, la religión y el fanatismo rompían cualquier ecuación racional.

    4. Fundación: el abuelo de la criatura

    «Asimov y la Psicohistoria»

    Mucho antes de que George Lucas o Frank Herbert imaginaran sus respectivos imperios galácticos, Isaac Asimov ya había construido en Fundación una civilización gigantesca, extendida por miles de planetas y atrapada en una decadencia inspirada claramente en la caída del Imperio Romano.

    Pero lo interesante no era simplemente el escenario. Asimov utilizaba ese Imperio en ruinas como un laboratorio histórico: ¿puede una civilización saber que está condenada a caer? Y, si puede predecirlo, ¿es posible reducir el sufrimiento y el caos que acompañarán a esa caída?

    Herbert recogería parte de ese imaginario para construir Dune, pero lo transformaría por completo. Donde Asimov analiza la historia mediante la ciencia y la Psicohistoria, Herbert introduce el poder, la religión, el fanatismo, la ecología y el mesianismo. El Imperio deja de ser solamente un problema histórico y se convierte en un problema humano.

    Lucas, por su parte, tomaría buena parte de ese imaginario y lo convertiría en mito cinematográfico: un Imperio, una rebelión, héroes, villanos y una lucha casi arquetípica entre el bien y el mal.

    Y hay una diferencia todavía más curiosa. Asimov llenó su universo de robots y utilizó la inteligencia artificial para plantear problemas éticos y lógicos. Herbert hizo prácticamente lo contrario: después de la Yihad Butleriana, las máquinas pensantes están prohibidas y son los propios seres humanos quienes intentan desarrollar capacidades extraordinarias de cálculo, memoria y percepción.

    Tres autores, tres caminos distintos a partir de una misma obsesión: ¿cómo funciona una civilización cuando alcanza un tamaño imposible de controlar?

    Y, por supuesto, todo esto lo escribió Asimov mientras era capaz de bautizar una nave como «El Vasco» en una de sus novelas. Con eso está dicho todo.

    Así que:

    Asimov trazó la idea del Imperio en ruinas inspirado en la caída del Imperio Romano. (el abuelo)

    Herbert recogió esa idea para Dune y la volvió feudal y oscura. (el padre)
    
    Lucas la simplificó en 1977 para crear el "Imperio Malvado" de Star Wars. (de aquellos polvos, estos lodos)

    5. El cine que casi existió: Jodorowsky.

    «Jodorowsky es una historia tan absurda y fascinante que casi parece una leyenda inventada por alguien que quería hacer una película de Dune y se pasó de dosis»

    El calvario para hacer Dune físicamente.

    Llevar Dune al cine en los años 70 fue una pesadilla técnica y logística. Alejandro Jodorowsky consiguió los derechos en los 70 y quiso reunir a un equipo artístico absolutamente descomunal: H. R. Giger, Jean Giraud (Moebius), Salvador Dalí, Orson Welles llegó a estar relacionado con el proyecto…Pink Floyd, se habló incluso de Mick Jagger, Chris Foss, Dan O’Bannon, un proyecto que colapsó por su propia ambición

    Moebius llegó a realizar alrededor de 3.000 bocetos de storyboard.

    La Dune de Jodorowsky iba a durar entre 10 y 14 horas. (de put@s loc@s)

    No es una exageración mía. Jodorowsky realmente quería una película gigantesca de esa duración. Los productores querían algo mucho más corto y el proyecto terminó naufragando, entre otras razones, por su escala descomunal.

    Salvador Dalí quería cobrar 100.000 dólares por hora, que era lo que Dalí exigía para interpretar al Emperador.

    Jodorowsky aceptó la cifra, pero hizo una jugada bastante ingeniosa: redujo las escenas de Dalí para que apareciera solo una hora como máximo, mientras que el resto del personaje sería interpretado por un doble robótico. En otras versiones de la historia, el acuerdo terminó planteándose como 100.000 dólares por minuto de aparición, precisamente porque Dalí quería ser el actor mejor pagado de Hollywood. (Puto Dalí XDDDDD) el asunto llegó a niveles completamente dalinianos, su trono iba a ser un retrete formado por dos delfines entrelazados y quería que la réplica robótica de sí mismo acabara en su museo.

    Lo fascinante es que en el caso de Dune ni siquiera necesitaba exagerar demasiado su personaje público. Entre los 100.000 dólares, el Emperador, el trono-retrete con delfines y la exigencia de que su réplica robótica terminara en su museo, el proyecto ya parecía una película de Dalí, dentro de la película de Jodorowsky, dentro de la saga Dune. (hombres, ¿quien los entiende? menudo circo)

    6. Star Wars entra en escena

    «El proyecto de Jodorowsky no fue la película que cambió el cine»

    Fue algo quizá más extraño; una película que jamás existió y cuyo ADN terminó circulando por el cine que vino después.

    El proyecto no llegó a rodarse, pero aquel material (incluidos los más de 3.000 dibujos realizados por Moebius) circuló por la industria y acabó convirtiéndose en una especie de fósil radioactivo de la ciencia ficción cinematográfica.

    Y aquí empieza lo realmente interesante.

    El equipo reunido alrededor de Jodorowsky terminó teniendo conexiones directas con algunas de las películas de ciencia ficción más importantes de las décadas siguientes. Dan O’Bannon acabaría escribiendo Alien, mientras H. R. Giger diseñaría su criatura y buena parte de su universo visual. Moebius también participaría posteriormente en otros proyectos fundamentales de la ciencia ficción.

    El proyecto de Jodorowsky había fracasado, pero algunas de las personas y de las ideas que había reunido siguieron avanzando por caminos diferentes.

    Y entonces apareció George Lucas.

    Cuando George Lucas estrenó Star Wars en el 77, Frank Herbert no tardó en reconocer las similitudes. Según relató posteriormente su hijo Brian, Herbert identificó hasta 16 puntos que consideraba de «identidad absoluta» entre su novela y la película y llegó a quedarse profundamente molesto con el resultado.

    Herbert se lo tomó con ironía y junto a otros escritores de ciencia ficción que también creían reconocer ideas propias en Star Wars, formó el llamado «We’re Too Big to Sue George Lucas Society», algo así como la Sociedad de los que Somos Demasiado Grandes para Demandar a George Lucas».

    Y las semejanzas son difíciles de ignorar: un imperio galáctico, un planeta desértico, pueblos encapuchados, una dimensión religiosa, poderes mentales, un joven con un destino mesiánico y hasta la importancia de la especia aparecen en ambos universos. Eso no convierte a Star Wars en una copia de Dune (Nooo que va!!!) pero sí hace evidente que Herbert tenía motivos para sentirse incómodo, sep, jodidamente incómodo.

    La diferencia fundamental está en lo que hizo Lucas con todo aquello.

    Herbert había utilizado esos elementos para construir una obra política, filosófica y ecológica extraordinariamente densa. Lucas los transformó en un relato visual, mítico, divertido y accesible para un público masivo.

    Dicho de otra manera: Lucas no necesitó reproducir toda la complejidad de Dune. Tomó parte de su ADN, lo mezcló con mitología, aventuras espaciales y cine clásico y consiguió convertirlo en algo que podía entenderse y disfrutarse en dos horas, para todos los públicos.

    Y ahí está quizá la mayor ironía de toda esta historia; mientras Herbert llevaba años intentando llevar Dune al cine, una película que tenía bastantes elementos reconocibles de su universo llegó antes a las pantallas y conquistó al mundo. (inexplicablemente)

    Tal vez, por que gracias a que Lucas se benefició de todo ese trabajo conceptual previo y con los avances de ILM (ILM son las siglas de Industrial Light & Magic. Que es la famosa compañía de efectos especiales que creó George Lucas en 1975 precisamente para poder hacer Star Wars, porque en esa época no existía la tecnología necesaria para rodar lo que él tenía en la cabeza y eso si que tiene un gran mérito) logró estrenar su visión antes de que nadie pudiera llevar la obra de Herbert a la pantalla.

    7. Lynch: David Lynch

    «Cuando Dune se vuelve imposible de filmar y el asunto de la lluvia»

    Lynch consigue que sientas Dune, pero no consigue contar Dune. Lo que podemos decir es que Lynch privilegia la atmósfera, la asociación visual, el sueño y la sensación por encima de la claridad narrativa.
    Incluso habiendo visto “solo” las películas, la versión de David Lynch de 1984, con todos sus problemas y todo lo que tuvo que recortar del universo de Herbert y las dos películas recientes de Denis Villeneuve con Timothée Chalamet dejan claro desde el minuto uno que estamos ante algo colosal.

    A mí me flipó Dune del 84. Había muchísimo de David Lynch, empezando por Kyle MacLachlan en el papel principal. Pero el final te deja pensando, te deja descolocada. Días después todavía le das vueltas: sabes que has visto algo, no sabes exactamente qué, pero lo has visto… Bueno, en realidad no lo has visto.

    LO HAS SENTIDO.

    Y ahí está una de las diferencias entre una película que simplemente te cuenta una historia y una película que pretende meterse directamente debajo de la piel. Lynch no dirige Dune como si estuviera resolviendo un problema narrativo. La convierte en una experiencia de imágenes, sonidos, símbolos, pesadillas y sensaciones que van directos al subconsciente. No siempre entiendes lo que estás viendo, pero muchas veces lo percibes antes de poder explicarlo.

    Ese es precisamente el gran problema de la película; Lynch consigue transmitir algo de la atmósfera de Dune, pero tiene enormes dificultades para trasladar a la pantalla la complejidad de la novela.

    Y entonces llegamos al final.

    En la película de 1984, Arrakis termina bajo la lluvia. Es una imagen espectacular y precisamente por eso, también es una de las decisiones más discutibles de toda la adaptación. Para mi una traición grotesca a la novela.

    Porque en la novela de Frank Herbert, la transformación ecológica de Arrakis no es un milagro producido por Paul. Es un proyecto deliberado, lento y enormemente complejo. Los Fremen llevan generaciones trabajando con el agua, almacenándola y modificando poco a poco el ecosistema del planeta. La terraformación de Arrakis forma parte de un proceso ecológico, político y cultural mucho más amplio.

    La película, en cambio, convierte ese proceso en una imagen casi milagrosa: lluvia sobre el planeta del desierto.

    Y aquí aparece una contradicción enorme.

    Herbert había construido a Paul precisamente para cuestionar la figura del mesías. Paul no debería ser simplemente el héroe que llega, derrota al malo y arregla el planeta con sus poderes. Dune está mucho más interesada en enseñarnos el precio de convertir a una persona en objeto de fe.

    Por eso aquel final resulta tan extraño si vienes de la novela; visualmente es poderoso, emocionalmente funciona, pero conceptualmente simplifica muchísimo aquello que Herbert estaba intentando contar. (traición, no hay otra palabra)
    No es que no haya Dune en ella. Hay muchísimo Dune; el desierto, la imaginería, la atmósfera, los gusanos, las visiones, los rituales, la extrañeza, la sensación de estar entrando en otro universo.

    El problema es que meter Dune en una película de duración convencional era casi una misión suicida. Había que comprimir una novela gigantesca, llena de política, religión, ecología, economía, filosofía, conspiraciones y pensamientos internos, en poco más de dos horas.

    Y la producción tampoco ayudó. La película sufrió cambios y recortes durante el montaje y Lynch terminó alejándose del resultado final. El propio director ha expresado posteriormente su rechazo hacia la película, hasta el punto de no querer hablar de ella ni participar en determinadas versiones posteriores.

    Así que Dune de 1984 terminó convertida en una criatura extraña; una película que intenta contar una historia gigantesca en un espacio demasiado pequeño y que, aun así, contiene algunas de las imágenes más poderosas que se habían visto hasta entonces en una película de ciencia ficción.

    Y quizá por eso funciona tan bien como experiencia de Lynch y tan mal como adaptación completa de Herbert.

    Es una película que muchas veces no consigues explicar.

    Pero la recuerdas.

    Y eso, viniendo de David Lynch, probablemente no sea precisamente un accidente. (pero es traición, déjate de hostias)

    Y además, viendo la película, se percibe algo curioso; hay muchísimo Lynch dentro de ella. Los decorados, la deformidad de los Harkonnen, los sueños, las texturas, los sonidos, los cuerpos, la sexualidad extraña, los primeros planos inquietantes… Eso no parece el trabajo de alguien que simplemente pasó por allí a cobrar el cheque.

    Y aunque la película está mutilada, todavía se ve al director debajo de las cicatrices.

    8. Villeneuve consigue lo que parecía imposible

    «La tecnología finalmente alcanza al libro»

    Durante décadas, llevar Dune al cine parecía una misión casi imposible. No bastaba con construir naves, monstruos y decorados espectaculares. Había que conseguir que el espectador creyera en un universo gigantesco, con sus propias culturas, religiones, sistemas políticos, economía, ecología y mitología y hacerlo además, sin convertir la película en una clase de historia de cuatro horas.

    Villeneuve consigue algo que durante mucho tiempo parecía fuera del alcance del cine.

    En Dune y Dune: Part Two, la escala deja de ser algo que los personajes tienen que explicarte. La fotografía de Greig Fraser, el diseño de producción, los efectos visuales y el sonido construyen un mundo que parece tener peso físico. El desierto no es simplemente un decorado; es una amenaza. Los gusanos no son simplemente monstruos gigantes: son una fuerza de la naturaleza. El Imperio no necesita estar explicándote constantemente su poder: lo ves en la arquitectura, en las naves, en los ejércitos y en la manera en que los personajes se mueven dentro de ese mundo.

    Y ahí Villeneuve consigue algo fundamental: no necesita explicarte la grandeza de Dune. Consigue que la sientas, que la veas, que la huelas, que la disfrutes, que te emborraches de ella.

    Pero debajo de todo ese espectáculo sigue estando lo más importante.

    Mientras Star Wars convierte el viaje del elegido en una gran epopeya de héroes, caída y redención, Dune se pregunta qué ocurre cuando ese héroe se convierte en un mesías y millones de personas empiezan a creer que su destino está ligado al suyo.

    Ahí aparece el lado oscuro del mesianismo: la manipulación de las masas, el fanatismo, la utilización política de la religión y finalmente, la guerra santa.

    Y esto es importante porque Star Wars me gusta. Respeto muchísimo el trabajo gigantesco que hay detrás de ese universo (si no, no hubiera ido a ver la exposición de la casa Cupra) dirección, interpretación, montaje, efectos visuales, atrezzo, vestuario, música, diseño de criaturas y décadas de trabajo para construir una mitología que ha marcado generaciones. Y yo misma puedo disfrutar del universo mandaloriano como la que más.

    Pero disfrutar de una obra no obliga a fingir que todas hacen lo mismo.

    Cuando hablamos de profundidad temática, construcción de mundo y reflexión sobre el poder, la religión, la ecología y el mesianismo, Dune juega en un terreno especialmente difícil de igualar.

    Y quizá eso sea lo más fascinante de todo; después de décadas en las que parecía imposible trasladar el universo de Herbert a la pantalla, Villeneuve no solo consiguió hacerlo:

    Consiguió que por fin pudiéramos verlo como probablemente siempre había querido ser visto.

    Jodorowsky soñó una película demasiado grande para existir. Lynch consiguió hacerla, pero quedó atrapada entre su visión y las limitaciones de producción y montaje. Y Villeneuve llega décadas después, cuando la tecnología y los recursos cinematográficos permiten finalmente intentar algo de esa escala.

    9. El fantasma de Dune

    «Alien, Matrix, Animatrix, Juego de Tronos, videojuegos, cultura pop, Arrakis.es…»

    Y entonces aparece el verdadero fantasma o uno de los pilares de Dune.

    Porque una vez que sales de Arrakis, empiezas a encontrarlo por todas partes.

    No significa que todas esas obras sean copias de Dune. Significa algo mucho más interesante; que Herbert ayudó a demostrar que la ciencia ficción podía ser mucho más que naves espaciales, monstruos y aventuras. Podía utilizar mundos imaginarios para hablar de poder, religión, ecología, economía, manipulación, guerra, identidad y naturaleza humana y bla bla bla…

    Y quizá uno de los ejemplos más curiosos sea Juego de Tronos.

    George R. R. Martin ha reconocido al menos una influencia concreta de Dune que resulta especialmente reveladora; la muerte de Ned Stark tiene un antecedente evidente en la muerte del duque Leto. Y las semejanzas no terminan ahí. Grandes casas nobles enfrentadas, luchas dinásticas, traiciones políticas, linajes antiguos, profecías, personajes que son convertidos en símbolos y una visión bastante poco complaciente del poder.

    Stark y Atreides, Lannister y Harkonnen no son equivalentes exactos pero… Martin tiene además otras influencias históricas y literarias muy claras. Pero resulta difícil no reconocer que parte del lenguaje político de Dune encontró una nueva vida en Poniente. ;P

    Y después está Animatrix.

    Las pequeñas historias que componen Animatrix son uno de los grandes aciertos de la ciencia ficción moderna precisamente porque recuperan una tradición muy propia de la ciencia ficción de ideas, la FILOSÓFICA: utilizar relatos independientes para plantear problemas éticos, existenciales y sociológicos.

    Las «hermanas» Wachowski no se limitaron a repetir las coreografías de artes marciales o el espectáculo del bullet time de las películas de Matrix. Abrieron el universo y permitieron que diferentes historias utilizaran la animación para hablar de historia, política, percepción, conciencia y naturaleza humana.

    “El Segundo Renacimiento”, partes I y II, es un ejemplo perfecto.

    No presenta a las máquinas simplemente como “los malos”. Muestra la soberbia humana, la segregación, el conflicto por los recursos y cómo las propias decisiones de la humanidad terminan provocando su caída.

    Las máquinas no aparecen de la nada como una fuerza maligna. Son, en buena medida, una consecuencia de nuestras propias decisiones y acciones.

    Eso tiene mucho más que ver con la tradición de Asimov y Herbert que con la típica historia de humanos buenos, contra máquinas malas.

    “El Programa” y “Matriculado” exploran la propaganda, el adoctrinamiento, la manipulación de la percepción y la posibilidad de alterar la mente hasta el punto de que ya no sepamos dónde termina la realidad y empieza aquello que alguien quiere que creamos.

    Y “Historia del chico” o “Más allá” se meten directamente en la filosofía de la realidad, la simulación, la conciencia y la percepción.

    Con Animatrix ocurre algo parecido a lo que sucede con la película de Lynch o con la primera novela de Dune; no busca darte un producto completamente masticado y listo para consumir.

    Son píldoras de diez o quince minutos que terminan y te dejan mirando a la pared, procesando lo que acabas de sentir y pensar. (como las historias de «Love, Death and Robots», del que recuperaré el post que hice sobre esa serie de animación)

    Y ahí está una de las diferencias que más me interesan entre el espectáculo de entretenimiento y una gran obra de ciencia ficción.

    A mí personalmente, me engancha el universo mandaloriano, me puto pone su estética y su código de honor, y los Jedi, con sus espadas láser y toda su mitología, son absolutamente icónicos.

    Pero una cosa no quita la otra.

    Star Wars construye una gran mitología de héroes, villanos, caída, redención y aventura.

    Dune utiliza la ciencia ficción para preguntarse qué ocurre cuando esos héroes se convierten en mesías, cuando la religión se convierte en una herramienta de poder y cuando millones de personas depositan su futuro en las manos de una sola persona.

    No es que una tenga ideas y la otra no. (que bueno….vamos a dejarlo estar…)

    Es que las ideas ocupan lugares diferentes dentro de cada obra. Pero girando el tema…llegamos incluso a algo tan aparentemente alejado como la informática española.

    En los años noventa, Arrakis fue el nombre de uno de los proveedores de Internet más conocidos de España (Arrakis.es era un ISP, es decir, un proveedor de acceso a Internet, como lo son hoy en dia Orange o Movistar. No era un buscador tipo Yahoo) El País habla de 65.000 clientes y la describe como la empresa líder en número de usuarios de Internet en España. Hay una cifra posterior de casi 100.000 abonados en el momento de la venta, recogida por Cinco Días en 2001 al reconstruir la operación, Y en 2003, ya integrada en BT, Arrakis declaraba más de 100.000 clientes.

    Herbert crea Arrakis.
    La cultura pop se apropia de Arrakis.
    Unos sevillanos convierten Arrakis en una puerta de entrada a Internet.
    Y miles de españoles entran en la red a través de algo que se llama… Arrakis.

    La influencia de Dune había llegado a un lugar donde nadie estaba pensando en ciencia ficción o si? Vete a saber…

    La empresa se constituyó en Sevilla en 1995 y durante aquellos años se convirtió en uno de los grandes proveedores de acceso a Internet del país, hasta ser adquirida por British Telecom en 1999. Para miles de españoles que empezaban a conectarse a Internet mediante aquellos módems que parecían estar invocando a Satanás cada vez que marcaban un número, Arrakis formó parte de la puerta de entrada a la Red o del mismísimo infierno.

    Así que sí:

    RÍETE DE YAHOO, COLEGA.

    El nombre de un planeta ficticio creado por Frank Herbert había terminado convertido en una marca real de Internet en España.

    Y no es un caso aislado. El nombre de Arrakis, la imaginería de los Fremen, los gusanos de arena (Recordáis los gusanos de arena de la película Beetlejuice???? del PUTO TIM BURTON…EEHHHH????) y otros elementos de Dune han saltado una y otra vez a la música, los videojuegos, el diseño y la cultura popular.

    Y aquí es donde, para mí, aparece la verdadera magnitud de la obra.

    Dune terminó impregnando la cultura pop, el cine, la literatura, los videojuegos e incluso la tecnología sin que buena parte de la gente fuera necesariamente consciente de dónde venía la chispa original.

    Pasa con el nombre de un proveedor pionero de Internet en España.

    Pasa con los storyboards de Jodorowsky, que ayudaron a alimentar visualmente el cine de ciencia ficción que vino después.

    Pasa con Alien, con Star Wars, con Matrix y con tantas otras obras (Star Trek, Galáctica…) que, de una forma directa o indirecta, heredaron ideas, imágenes o estructuras que Herbert ayudó a convertir en parte del lenguaje de la ciencia ficción moderna.

    Y pasa con la propia narrativa contemporánea.

    Porque Dune acabó superando el formato de novela.

    Dejó de ser solamente una historia y se convirtió en un lenguaje.

    Y quizá esa sea la mejor forma de entender su legado:

    Dune se convirtió en uno de los cimientos invisibles de la ciencia ficción contemporánea. No siempre ves la piedra original, pero muchas veces estás caminando sobre ella sin saberlo.

    10. Conclusión final y epílogo particular

    «Sus vais a cagar»

    La verdadera victoria de Dune es que no necesitó ganar la taquilla. Terminó contaminando el imaginario.

    Y después de todo este puto tocho, llegamos al principio de todo.

    Todo el que abre la boca para hablar de Dune sin saber una puta mierda se puede meter la lengua en el culo y dejar de hablar al PEDO!

    Porque Dune tiene tanto que decir sobre poder, religión, ecología, imperialismo, recursos naturales, manipulación social y fanatismo que intentar encerrarla en una etiqueta política contemporánea no la explica.

    La empequeñece.

    Es más: no solo la empequeñece. La hace insultantemente corta.

    Esa reducción hace un daño intelectual a la obra. Vamos!

    Decir simplemente «es una película de la Agenda 2030 woke» no es una interpretación alternativa de Dune.

    Es apagar todas las luces de una catedral y describirla diciendo que tiene una puerta.

    Mira todo lo que hay en este puto tocho de mierda y ahora intenta reducirlo a una etiqueta.

    Venga.

    A ver si puedes.

    «Listill@»

    Cuando has pasado por:

    ecología y terraformación,
    religión como instrumento de poder,
    construcción de mesías,
    colonialismo,
    economía de la especia,
    dependencia energética,
    manipulación genética,
    condicionamiento cultural,
    libre albedrío y determinismo,
    inteligencia humana frente a las máquinas,
    imperialismo,
    fanatismo,
    consecuencias no deseadas del liderazgo,
    y la relación entre recursos naturales y estructuras de poder…

    ¿De verdad todo eso cabe en una etiqueta política de tres palabras?

    No.

    Y precisamente ahí está la grandeza de Dune.

    No porque tenga una respuesta para todo, sino porque lleva décadas haciendo preguntas que siguen siendo incómodas aunque cambien las épocas, los gobiernos, las modas y las etiquetas políticas.

    Y si después de todo esto lo único que has conseguido sacar de Dune es «woke» o cualquier soplapollez, entonces tengo una última pregunta:

    ¿Seguro que has visto Dune? Te suena? Sabes algo de ella?

    Porque a este paso, lo siguiente ya es llegar a la Sagrada Biblia y al Quijote de la Mancha y resumirlos diciendo que son «libros»

    Postdata: y ahora viene la confesión

    YO NO HE LEÍDO DUNE!!!

    Sí.

    Después de todo este puto tocho de mierda.

    No he leído las novelas de Frank Herbert.

    Mi conocimiento de Dune viene del cine: la película de David Lynch de 1984, que vi hace años y las dos películas de Denis Villeneuve.

    Y precisamente por eso he escrito todo esto.

    Porque entré por la puerta del cine pensando que iba a encontrar una historia de ciencia ficción sobre un planeta desértico, gusanos gigantes, imperios galácticos y un elegido con poderes.

    Y terminé encontrándome con todo lo que habéis leído en este TOCHAZO.

    Ecología. Religión. Poder. Imperialismo. Economía. Fanatismo. Manipulación. Mesianismo. Determinismo. Libre albedrío. Genética. Recursos naturales. Psicología. Política. Las consecuencias de convertir a una persona en el recipiente de las esperanzas de millones.

    Y entonces entendí algo bastante sencillo:

    Si todo esto está en las películas, ¿qué coño habrá en los libros?

    Así que no, no voy a hacerme la experta en Frank Herbert.

    No he leído las novelas y no pienso fingir que las conozco.

    Pero sí puedo hablar de lo que he visto, de lo que me ha hecho pensar y sobre todo, de la dimensión cultural que descubrí cuando empecé a tirar del hilo. Ese hilo rojo, al que nunca le hacemos ni caso.

    Y quizá esa sea la parte más divertida de todo este Frankenstein.

    Yo no empecé escribiendo sobre Dune porque hubiera leído los seis libros.

    Empecé porque vi una película.

    Y tirando de ese hilo terminé encontrándome con Asimov, Jodorowsky, Lynch, Lucas, Alien, Matrix, Animatrix, Juego de Tronos, videojuegos, Internet, ecología, religión, política, filosofía y hasta un proveedor de Internet español llamado Arrakis.

    Así que ahora sí.

    Voy a leer los libros. (No se cuando, por que empecé con las novelas de Anne Rice y me leí una y media…)

    Porque después de todo lo que he descubierto intentando entender Dune desde fuera, tengo una curiosidad bastante seria por descubrir qué demonios había dentro del monstruo original.

    Y si después de leerlos descubro que todo lo que he escrito aquí era una monumental gilipollez…

    Bueno.

    Tendré que escribir otro puto tocho de mierda, para explicarlo.

    Por mi, el tema está zanjado y ya me he quedado a gusto.

    Y recordad, que aquí:

    MANDO YO!