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Wellcome to the Circus Show
Siempre que pasan muchas cosas seguidas, me acuerdo de este tema de Christina Aguilera. Porque esto empieza a parecer un circo. Y me refiero a Ceuta, a la política en general, a los terremotos… Venga, ¡que no decaiga la «fiefta»!
Adoro el verano, si pudiera me pasaría la vida al lado de la playa. No me gusta la montaña; siempre he sido del team «playa y chapuzón». Pero este verano, hasta mi madre, que es la anti-tecnología, se ha comprado un ventilador en el Action. Lo digo en serio: más de 50 años viviendo sin ventilador y se ha comprado uno. Está quieta y suda.
Yo tengo una tonelada de ropa por colocar. Está limpia, pero cada vez que me muevo parezco un jugador de básquet después de un partido. Si no me mojo la cabeza empiezo a tener mareos… no sé si es el calor o la edad. Y cuando me la mojo, la tengo seca a la media hora con el pelo ondulado (cuando lo tengo lacio estilo japonés). Se me encrespa y se me bufa de la puta humedad. No me ha pasado esto en la vida.
Así que, ya que estoy de vacaciones, practico la ley del mínimo esfuerzo. Hasta septiembre no vuelvo: voy pillando las cosas que necesito directamente del cesto. Hasta los bares chinos cierran a las 10 de la noche, cuando esa gente de las once y media no bajaba. Y cuando saco al perro por la noche, hay más gente en la puta calle que a mediodía. ¿Me lo explicáis?
Años atrás recuerdo que muchos fines de semana quedábamos para ir a la playa por la noche en verano. Después de trabajar en el Tequila organizábamos fiestas porque de noche no había ni dios. También después de ir a conciertos o al salir de la discoteca acabábamos en la playa, y ni cristo, oigan. Y ahora hay tanta gente de noche como de día.
Recuerdo una noche que me fui con una compañera y unos guiris borrachos a la playa (que no recuerdo ni de dónde coño eran). Yo me metí en el agua con mi amiga y los guiris tenían miedo de entrar. Lo digo en serio, luego nos bautizaron como las «Iron Spanish Women». Esos no sabían lo que era ir a la playa de noche y estar toda fresquita… Vete ahora, a ver si encuentras espacio. Recuerdo que cuando amaneció cogimos un tren a Lloret, me hice un piercing en la nariz y, cuando ya llegaban las tres de la tarde, me di cuenta de que volvía a entrar a trabajar a las 7. Así que me despedí y me llevé una tableta de chocolate Milka completamente fundida por el calor, que luego metí en la nevera y, cuando me desperté, la devoré con forma de ondas petrificadas antes de volver al curro.
Qué tiempos aquellos… Madre mía. No sabía lo que era comer, apenas comía, así estaba de delgada. Yo era una juerguista; a veces tardaba días en parar por casa. Sólo había una cosa que me hacía volver: mi perra y mis gatos. Eso era sagrado. Llegaba a casa a cualquier hora, sacaba a la perra, le ponía agua, miraba que todo estuviese correcto y a la puta calle otra vez.
Recuerdo un verano tremendo en el que un amigo me dejó su casa para cuidar unos bonsáis… Me inflé a follar durante todo el mes en aquella casa. ¡Qué pedazo de ático! Luego, en otro piso, me dejaron cuatro meses para cuidar a un gato. Fiestas de Gràcia: todos a la kelly. Fiestas de Sants: todos a la kelly. Fiestas de la Mercè: todos a la kelly. Recuerdo un fin de semana todos fumados hasta la coronilla viendo Doraemon y Dragon Ball en la tele… Sin ventilador, sin aire acondicionado, comiendo pizzas recalentadas y pasándonos el kalimocho. El gato estuvo de puta madre de bien cuidado, os lo aseguro; jamás recibió tanto amor ese pobre animal.
Si continúo creo que me remonto al Pleistoceno… Cómo han cambiado las cosas.
Ahora un rumano que pide en la calle me pidió un cigarro y me preguntó si quería tomarme unos gin-tonics con él. Le pregunto si paga él, claro, a lo que se hace el loco y me pregunta que de dónde soy.
— De JAMAICA, soy JAMAICANA —no te jode.
Sé que tengo pinta de guiri, pero todo tiene un límite. Hasta que le he dicho mi edad y no se lo creía el cabrón: me decía que no podía tener 53 añazos. En fin, que alguien me explique qué coño hacía pidiendo en la puta calle un rumano, moreno de playa, lleno de tatuajes, joven, mazado de gimnasio y bien vestido… Misterios de los nuevos barceloneses. Me decía que no había hecho un duro, a lo que le he contestado que si no se corta un pie no va a dar pena, como en la película La bestia del reino de los Monty Python.
A mi padre le encantaba esa película; no sé cuántas millones de veces la vimos en casa. Recuerdo un día que, después de salir toda la noche, se me olvidó que había quedado con unos amigos para ver La vida de Brian. Al final subí a mis amigos a casa… y me quedé dormida en una silla. No es la primera vez que me quedo dormida en algún sitio; soy capaz de dormir en cualquier lado: en la parte de atrás de una furgoneta en marcha, en el copiloto, en un museo trabajando, en una feria sentada en una silla trabajando, en una recepción apoyada sobre un brazo… De pronto mi cerebro hace una desconexión y, así como me siento o me pongo, me quedo frita. Normalmente me quedo una hora entera; mi cerebro entra en standby y se despierta solo. ¡Y normalmente NADIE ME VE! Sólo me pillaron una vez…
También me quedé dormida dentro de la barra del Tequila sentada en un taburete. Tuvo que venir un chico a decir: «Perdona, ¿nos sirves unas jarras?». En ese momento me giré, abrí los ojos y dije: «Por supuesto», como si no estuviera frita. Esperad, que recuerdo otro: me quedé dormida en la garita de un parking y tuvieron que picar en el cristal. Lo mejor es que el chico me dijo: «Me sabía mal despertarte, estabas tan bonita dormida, qué cara tan dulce». ¡Lo que faltaba!
También me he quedado dormida en el cine varias veces…
En la que me pillaron fue cuando un inspector me vio dormida en la butaca de la entrada del edificio cuando curraba de vigilante. Me metió una sanción de puta madre, pero la reclamé: estaba mal redactada y se la tuvieron que comer con patatas.
Puso que yo estaba dormida TUMBADA en un sofá.
FALSO: Estaba en una butaca reclinable que era del servicio. Sólo se puede estar tumbada en la cama, en el suelo, en un sofá (que no era el caso) o en una mesa grande… Así que ¡MEEEEC, FUERA!
Puso que estaba durmiendo.
FALSO: ¿Cómo se puede diferenciar a una persona que tiene los párpados cerrados de una persona dormida? No es lo mismo, fue su percepción de los hechos, así que ¡MEEEEC, FUERA!
Puso que había picado en varias ocasiones y que yo no había hecho ademán de moverme.
FALSO: Contesté que yo sólo había escuchado una vez cómo picaba en la puerta. Tal vez las otras no existieron o puede que no diera tan fuerte como para escucharlo… Así que ¡MEEEEC, FUERA!
Puso que fui borde, desagradable y poco colaborativa.
FALSO: Le pedí antes de abrir la puta puerta que se identificara como inspector de la puta empresa o allí no pisaba un puto pie. Claro que sacó el puto carnet de inspector… Entonces le dije con una sonrisa: «Pase, ahora que ya se ha identificado, Sr. Inspector». ¿Encima de que hacía bien mi trabajo?
Y por último, dije claramente que en ese servicio yo no tenía relevo, así que podía ejercer mi derecho A CUALQUIER HORA de tener mi descanso (que era de más de 50 minutos, puesto que hacía un servicio de 12 horas). Eso cuando el relevo venía a su hora, porque a veces me había quedado 13, 14 y hasta 16 horas para luego tener que volver a mi hora de trabajo… Así que no se pusieran tontos, porque si me ponía en mi sitio iban a tener que enviar a un suplente mientras yo me iba a comer una paella con bogavantes al Moncho’s del Paseo de Gracia en vez de un bocadillo mierdoso, y todo en un servicio donde no había lavabo, ni agua corriente, y apenas había luz al ser un edificio abandonado (y sin ventilador en verano ni estufa en invierno).
Por supuesto que me quitaron la sanción… Sólo faltaría.
Quería contaros alguna cosita más… ¡Ah, sí! Que ya tengo hora de visita para el abogado porque voy a denunciar a mi mutua y los voy a llevar a juicio. Me han vuelto a subir 180 € anuales; se han vuelto locos alegando «baremos internos»… ¡Juas! Espera, que me lo apunto en mi máquina de escribir invisible… Que puro más guapo les voy a meter. Me van a tener que devolver pasta con carácter retroactivo, ya lo veréis. Puedo exigir hasta dos años de carácter retroactivo y una bajada del precio del seguro si no son capaces de explicar por qué me cobran esas cifras desorbitadas.
Y en otro orden de cosas, he quedado esta semana con un amigo para ir a las Fiestas de Gràcia, comer por allí, darnos una vuelta y esas cosas que hacen los mundanos.
Ah, y del BDSM y esas cosas, bueno, estoy haciendo recolección de vídeos que iré colgando. Y sigo con llamadas bizarras: la última ha sido hoy de un tipo que parecía Kulunguele, no se le entendía una polla… Al final me ha dicho que era de no sé dónde (ininteligible) y le he contestado: «Bueno, pues cuando vuelvas del Congo me llamas a ver si quedamos». He colgado y lo he bloqueado; este no me molesta más.
PD: Y luego el rumano preguntándome si no me quería volver a casar y que si no sé qué de amor… Hasta que le he dicho: «No, casarme no me vuelvo a casar en la puta vida. Y sí, amor sí, pero contigo no». Puerta. Supongo que por «amor» se refería a sexo…
PD: Por cierto, están eliminando este vídeo de las redes…
¡Y recordad que aquí mando yo!