Las uvas de la ira

Estaba viendo el canal de Cesar Vidal y recomendaban esta película, dirigida por John Ford y protagonizada por Henry Fonda (un joven Henry Fonda) en blanco y negro y decidí verla, no sabía que venía de un libro, que era una adaptación y no sabía ni de que iba.
El caso es que después de verla, me quedé en blanco. En shock más bien. Me quedé…no se…he visto muchas películas realistas, crueles, sociológicas, de todo tipo, pero ésta, me ha tocado algo, que tal vez no había descubierto hasta ahora.
Puede ser, por que acepto muy bien la realidad, pero esa realidad, del crack del 29, del que jamás se salió, (por mucho que nos intenten vender la moto de la economía y sus crisis) y de la que se tuvo que aprender, en el cambio radical, de la vida de las personas. Y que viendo lo que se ve en la película, tal ve fue provocada.
A ver, están «Los 7 samuráis», o «El Coronel no tiene quien le escriba»….pero ésta….no se si son los personajes, la trama, la crudeza de la historia o incluso la fotografía (espectacular fotografía en blanco y negro de Gregg Toland, ríete de Ciudadano Kane) no lo se….pero ahí va mi crítica:

Las uvas de la ira, dirigida por John Ford en 1940 y basada en la novela de John Steinbeck, no es simplemente un relato sobre la pobreza durante la Gran Depresión estadounidense. Es una obra profundamente humanista, que atraviesa los grandes temas de la filosofía social: el despojo, la dignidad, la justicia, la lucha colectiva y la esperanza como resistencia silenciosa.
La historia de la familia Joad no es sólo la de unos granjeros desahuciados que emigran en busca de trabajo; es la historia de lo que ocurre cuando el sistema económico reduce a los seres humanos a cifras, y sin embargo, ellos insisten en seguir siendo personas. Aunque como personas, a veces dejan un poco que desear….

Son expulsados de su tierra por bancos que no ven en sus casas, ni raíces ni memorias, sino simplemente hectáreas improductivas. Esta desposesión encierra una paradoja moral: en la tierra de la libertad, la propiedad lo es todo… pero sólo para quien puede comprarla. El resto, como la familia protagonista, es condenado al nomadismo, a la precariedad y a la invisibilidad.
Aunque no sólo ocurrió esto en Estados Unidos, en la época de Stalin, se estima que entre 6 y 8 millones de personas fueron desplazadas internamente, principalmente:
Campesinos “kulaks” expropiados y deportados a Siberia o Asia Central.
Minorías étnicas trasladadas por razones “de seguridad” o políticas.
Ciudadanos comunes obligados a mudarse a nuevas ciudades industriales o proyectos de infraestructura (como el Canal del Mar Blanco o los Urales).
Así que no se trata de capitalismo o comunismo, si no de INTERESES, como está ocurriendo ahora con el globalismo.
Aunque volviendo al tema del film, Steinbeck y Ford despliegan una denuncia social sin estridencias pero con una enorme carga ética. ¿Puede una sociedad considerarse justa cuando destruye la posibilidad misma de pertenecer? ¿Puede una economía ser legítima cuando niega a las personas el derecho a vivir con dignidad? (como los alquileres de los pisos por ejemplo) Las uvas de la ira plantea estas preguntas sin responderlas de forma explícita, dejando que el espectador las mastique lentamente, como el polvo que los Joad tragan en las interminables carreteras de su éxodo.
La película muestra una constante tensión entre el individuo y las estructuras económicas y sociales que lo rodean. Tom Joad, recién salido de la cárcel, se convierte en el eje moral de esta lucha. No es un revolucionario por ideología, sino por necesidad. Su evolución representa una toma de conciencia que nace del dolor, de ver cómo su familia se descompone, cómo los campos prometidos son campos de explotación, cómo el hambre no es una anomalía, sino una norma.

Y Tom no es un héroe mesiánico. Su transformación está empapada de realismo: comprende que luchar sólo es inútil, que la verdadera fuerza está en la comunidad, en los lazos invisibles que unen a los que sufren.
Y en un entorno donde los hombres a menudo se ven derrotados por la impotencia o la desesperación, Ma Joad representa la resistencia silenciosa, la firmeza emocional, la sabiduría práctica. Es la que mantiene unida a la familia, la que cuida de los hijos, la que cocina cuando no hay comida, la que avanza cuando no hay esperanza.
Su calma encierra una enorme fuerza: la de quien ha aprendido a aceptar el dolor sin dejarse quebrar. Es la encarnación de la dignidad, esa palabra que recorre todo el film como un susurro subterráneo.

Lo más demoledor de Las uvas de la ira no es la pobreza de los Joad, sino el hecho de que esa pobreza es producida activamente por un sistema económico que busca el máximo beneficio sin importar las consecuencias humanas. Los grandes terratenientes, las corporaciones agrícolas, los intermediarios: todos participan de una lógica que convierte a las personas en «sobrantes».
Algo como lo que se empieza a ver ahora mismo en el mundo.
Sin embargo, Las uvas de la ira no cae en el nihilismo. Frente a este mundo deshumanizado, opone la solidaridad como principio ético. Los campamentos organizados por los propios trabajadores, las familias que comparten su escasa comida, los gestos de compasión entre desconocidos: todo eso es lo que impide que la historia se convierta en un puto lamento. Hay dolor, sí, pero también hay humanidad. Poca, y deficiente, pero la hay.
En uno de los momentos de la película, Tom Joad pronuncia unas palabras que resuenan con fuerza aún hoy:
«Estaré allí donde una familia luche por comer, estaré allí donde alguien sufra una injusticia…»
Es un manifiesto silencioso, un acto de fe en la resistencia cotidiana. No se trata de grandes revoluciones, sino de pequeños actos de cuidado, de presencia, de no rendirse.
En esa frase está la clave del mensaje profundo de la obra creo yo: la esperanza no es ingenua, es una forma de insurrección contra la deshumanización.
Aunque ambientada en los años 30, Las uvas de la ira sigue siendo inquietantemente actual. En un mundo donde millones de personas siguen siendo desplazadas por la pobreza, donde el acceso a la vivienda, al trabajo y a la salud está condicionado por la lógica del beneficio, la historia de los Joad resuena como un eco poderoso. Nos recuerda que detrás de cada estadística hay personas con rostros, con sueños, con dolores.
Y sobre todo, nos recuerda que el alma humana puede soportar casi cualquier cosa, siempre que no se le arrebate la posibilidad de seguir sintiéndose parte de algo, de tener un lugar, un vínculo, una razón para seguir adelante.
A veces se me hacía infumable, ver a los personajes, como al principio, una casa de locos, que parece que todo el mundo suelta lo primero que se le pasa por la cabeza, pero lo peor creo que no es eso.
Creo que es la forma en que parecen «miserables» (como los denomina un empleado de un pueblo) o «paletos» que los deshumaniza mucho más, de lo que ya los deshumaniza la sociedad.
Y veo esos fallos, de gente que quiere seguir viviendo de una manera, sin adaptarse a lo que ya no está.
Como en la película «Lo que el viento se llevó» Escarlata se da cuenta, de que la vida, las costumbres y los lazos que los unían, han cambiado y decide que debe hacer algo para cambiarlo, no estancarse, no quedarse de brazos cruzados, ser previsora, ahorrar y mejorar, al contrario de Ashley, que se deja llevar por la tristeza y por su ineptitud, si fuera por él, su mujer habría muerto antes de empezar la película.
Y lo que no me explico, es como no buscan alternativas, si saben arreglar un motor de una camioneta, pueden trabajar en talleres de automóviles, si saben conducir pueden ser conductores, si saben cocinar o limpiar pueden ser jardineros, tramoyistas, paletas o limpiadoras, pero nunca estancarse en algo, que no te va a llegar a dar nada, más que para comer al día siguiente.
Y luego tampoco entiendo, como no se organizan entre ellos, como no hacen tandas para comer, comprar grandes cantidades con lo que cobran abarataría costes, en vez de comprar en la tienda de la misma fábrica….haciendo que pudieran tener, más por menos….
Pero así es el ser humano.
«A veces, no se ve más allá de lo que se tiene. Por que siempre se ha hecho así. «
Dominatrix Nomi
PD1: Recomendada la película está
PD2: Os lo recuerdo? QUE SIGO MANDANDO YO!