La Fennell y el BDSM

Estaba yo viendo Cumbres Borrascosas (2026), de Emerald Fennell y llevaba un cabreo del quince, por que se ha cargado la novela completamente.
Es que cuando la miras, no ves Cumbres Borrascosas, ves una paja mental de una tarada, que pone, quita, tuerce, retuerce, manipula, deshecha y reconstruye a su manera una historia, que no tiene nada que ver con la original y que hay momentos, que no tiene ni pies ni cabeza. Pone al padre como alcoholico, elimina a un hermano, mete a una asiática en un papel que no tiene nada que ver con la original…
Tengo que reconocer, que visualmente, es espectacular, desde las zonas más oscuras, hasta la contrapartida con las zonas más luminosas, el estilo video clip, barroquismo, gótico, yo que se, mezcla ahí a las bravas…
Visualmente, es preciosa, eso no lo voy a negar, los vestuarios, los colores, la iluminación, los maquillajes, los planos de cámara…hasta la banda sonora, todo es super bonito…pero la historia….ainsss…la historia es una mega cagada, la mires por donde la mires, por que tu vas a ver Cumbres Borrascosas y te encuentras con Pajas Mentales Borrascosas….que no tienen nada que ver con la historia. Imaginad que alguien hubiera hecho eso, con Los Miserables…por ejemplo.
La pregunta que me hago es: Alguien la hubiese ido a ver, si se hubiera titulado de otra manera?
Tal vez si, tal vez no, pero esa película no es la novela de Cumbres Borrascosas. Para nada. Ahora bien, tras ver las tres películas dirigidas por Emerald Fennell, me cuesta pensar que sea casualidad la repetición de escenas relacionadas con la humillación, la privación sensorial, los fluidos corporales o determinadas dinámicas de poder. ¿Está utilizando conscientemente elementos del imaginario BDSM y de ciertas filias para construir el deseo y las relaciones de poder de sus personajes?
Por que personas del mundo BDSM las reconocen inmediatamente, aunque el espectador convencional solo perciba que «esa escena tiene algo raro». (Habría que preguntarle al/la guionista también, claro).
Pero en las tres películas que ha dirigido y he visionado, Fennell parece convertir la intimidad en un escenario donde alguien observa, alguien cede, alguien domina y alguien es humillado y alguien se venga o es vengado. Las prácticas concretas cambian, pero la estructura narrativa se repite: Así que tenemos un patrón.
Puede que dependa del guión, obviamente, pero la forma de explicarlo…eso es harina de otro costal.
Aunque las películas de Emerald Fennell apenas muestran el BDSM de forma explícita, sí parecen comprender muy bien la carga erótica del poder, la humillación, la obsesión y la transgresión.
Una escena de unos pocos segundos puede evocar dinámicas de dominación o sumisión con mucha más fuerza que una larga secuencia ambientada en un cuarto rojo.
De hecho, he visto más escenas BDSM en sus tres películas (Cumbres Borrascosas, Saltburn y Una joven prometedora) que en la mierda de trilogía de las putas 50 sombras de Grey. ¡Lo digo en serio! El señorito Grey es una nenaza en comparación con la Fennell, ¡así os lo suelto!
Es decir, mientras 50 sombras suele representar el BDSM como práctica, Fennell parece utilizar el imaginario BDSM como lenguaje cinematográfico. No necesita una fusta para sugerir dominación. Le basta una mirada, un gesto de humillación, un acto de devoción extrema o una inversión de quién tiene el control de la situación, además de ciertas escenas claramente sado masoquistas y un poco perturbadoras.
Porque el BDSM no empieza en la mano o en la fusta, sino en la cabeza. De la misma manera que el sexo no empieza en los genitales, sino en el cerebro.
Emerald Fennell parece entender que el BDSM no es solo una colección de prácticas, sino una gramática del deseo basada en el poder, la vulnerabilidad, la entrega, la humillación y el control. Por eso, aunque sus películas apenas muestran BDSM explícito, muchas de sus escenas evocan esas dinámicas con mucha más intensidad que obras que se venden como cine con o de «BDSM».
Que conste en acta, que me han puesto cachonda, algunas de las escenas, aunque no os voy a decir cuales (jodeos) pero iba yo pensando «joder como me pone esto» y cada vez que las recuerdo, me pasa lo mismo.
De hecho, una de las cosas más interesantes de Fennell es que parece entender que la carga erótica de una escena no depende de mostrar sexo o desnudos indiscriminados, sino de mostrar una relación de poder. Ese es el auténtico BDSM, esa es una idea que, vista desde la óptica del BDSM, puede resultar especialmente sugerente.
Y no me vengáis con milongas: no se puede ir por la vida diciendo «Mi marido me cubre mientras me dejo follar por otro y yo soy Ama». ¿Ama? «A Mandar» es lo que eres.
Un gesto de humillación, un acto de adoración, una privación sensorial o un intercambio de control o fluidos pueden comunicar mucho más que una escena sexual explícita o alguien que venda que es «ama».
A mi me llaman sumisos, que les gusta que les orinen encima, que les gusta lamer compresas usadas o bragas usadas y sucias, o que les gusta revolcarse en comida o cualquier otra cosa asquerosa….así que sus escenas no parecen estar ahí para «epatar» sin más; suelen tener una función narrativa y una carga erótica o psicológica muy calculada.
Sea o no una persona familiarizada con el BDSM, Fennell demuestra un conocimiento muy preciso de un imaginario que rara vez aparece representado con tanta naturalidad en el cine (si, NATURAL….que eso si es jodidamente difícil)
Y si se representa en otras obras, suele ser «edulcorado» bajo una «broma» o una «confusión» o cualquier otra excusa, para que pase «desapercibido», sin embargo Fennell, lo deja ahí, para que te lo tragues tal cual te apetezca.
Si te da asco, pues asco, si te pone, pues te pone, pero ahí lo deja, luego tu ya verás como te lo tomas, si con leche y azúcar o sólo.
Ademas existe el tópico en la industria (y en otras artes, cómic, pintura, escritura…incluso el humor) según el cual las mujeres tienden a filmar/expresar el sexo o la violencia de una forma más «contenida» o «menos incómoda». Fennell rompe con ese tópico y/o tabú. No porque haga escenas más explícitas que otros directores, sino porque no parece tener miedo de convertir el deseo en algo incómodo, grotesco, fetichista o moralmente ambiguo o incluso moralmente «inaceptable» o inmoral.
Y ahora vamos al tajo de las escenas, por que una imagen vale más que mil «palabros»
Cumbres Borrascosas:
Saltburn:
Una joven prometedora:
Señoría, nada más que añadir.
La primera escena que vi de películas de la Fennell, fue la escena del escupitajo y me dije «Joder con la protagonista y la escena, no se cortan un pelo»…pero en esa película, todo está calculado al milímetro.
A partir de ahora, voy a destripar las películas, que me han parecido una puta obra de arte una tras otra, sinceramente, los guiones son de lo mejor que he visto en años (excepto Cumbres Borrascosas, que sólo me gustan las escenas sueltas y el universo visual y sonoro)
Son películas, que aunque cuentan las historias, contadas mil millones de veces en otras épocas o maneras, están interpretadas por actores o actrices, con las que Fennell, parece encontrarse a gusto como Jacob Elordi o Carey Mulligan, entre otros, son caras conocidas, pero no grandísimas estrellas (bueno Margot Robbie si…pero otras son auténtic@s desconocidos)
Y eso a mi entender es muy bueno, como el caso de Saltburn, con Barry Keoghan…como protagonista que ejecuta un PAPELÓN, de los que hacen historia.
Y hablando de su personaje en Saltburn como Oliver, hay un concepto dentro del BDSM que suele llamarse topping from the bottom o, en español, «dominar desde abajo».
Se refiere a un sumiso que, sin ocupar formalmente el rol dominante, acaba dirigiendo la dinámica, manipulando las decisiones o condicionando el comportamiento de la otra persona.
Oliver se presenta como alguien aparentemente frágil, casi insignificante. Es la ‘polilla’ (como lo denomina la hermana de Felix) que entra en una mansión llena de víboras. Sin embargo, esa apariencia de vulnerabilidad es precisamente su mayor arma. Nunca parece imponer su voluntad de forma directa, pero consigue que los demás giren a su alrededor. Es una forma de dominación indirecta que recuerda a lo que en BDSM se conoce como «dominar desde abajo» (como he mencionado): quien aparenta ceder el poder acaba controlando toda la interacción.
Lo interesante es que esa dinámica no se limita al sexo. Oliver hace eso constantemente en sus relaciones personales: observa, detecta las necesidades y debilidades de los demás y adapta su comportamiento para convertirse en alguien indispensable. Como buen psicópata que es.
Cuando la otra persona cree que lleva el control, en realidad ya está reaccionando a los movimientos de Oliver.
Esa lectura también encaja con una idea que atraviesa el cine de Emerald Fennell: el poder rara vez pertenece a quien parece tenerlo. Los personajes que aparentan ser vulnerables, subordinados o invisibles terminan siendo quienes manipulan el tablero.
Félix sín embargo, puede verse como la «mariposa»: bello, luminoso, admirado y casi etéreo.
El resto de la familia está llena de cinismo, crueldad o manipulación. Oliver no entra en un jardín de inocentes, sino en un terrario de depredadores. Lo interesante es que acaba siendo el mayor depredador de todos.
No quiero hacer spoilers, pero la mente de ese tipo, es, como poco, un engranaje, perfectamente alineado en todas sus piezas.
Por primera vez, he visto la psicopatía desde el punto de vista de la cuasi perfección y es lo que hace de ese personaje, una auténtica arma de doble filo.
Aunque el recurso, está ya muy manido, está hecho de tal manera, que te quedes pensando días después, y veas y saques pocas conclusiones, a lo único que llegas a sacar, es que él no elige por casualidad Oxford, ni elige a Felix por casualidad tampoco, estudia desde hace muchísimo tiempo, esa familia, para meter el pie dentro. Nada es casual en Oliver. Ese si que no da, puntada sin hilo. Espero no encontrarme nunca a alguien así.
Next:
En Cumbres Borrascosas, no tengo mucho más que añadir que no haya dicho ya, la película no se ciñe una mierda a la obra original de Emily Brontë y por supuesto el personaje de Heathcliff, tampoco se ciñe a la película por ejemplo de 1992, con Ralph Fiennes, de hecho, en esa versión empieza con una Emily Brontë al inicio y final de la película, interpretada por Sinead O’Connor, con esos enormes ojos y esa cara de ángel, que llenan toda la pantalla.
No puedo decir, como fue la versión de 1939 con Laurence Olivier o la serie de televisión de 1998, por que no las he visto y no puedo comparar.
Lo que si puedo decir, es que Jacob Elordi, hace un papel muy intenso en ciertos momentos, convirtiéndolo en un «tourtured soul» que jamás fue, por que en realidad, ese personaje, es más taciturno, esquivo y sádico, de lo que realmente aparenta en esta versión.
En el libro original su maltrato hacia Isabella Linton incluye crueldad psicológica y física y ella menciona episodios que muestran su carácter violento, como el famoso episodio del perro colgado (aunque no se narra como una escena detallada ante los ojos del lector).
Sin embargo, en esta película, la escena en la que la esposa de Heathcliff adopta una postura de sumisión similar a la de un perro, esa sí puede leerse desde un imaginario BDSM de forma bastante directa. No solo por la postura o el gesto, sino porque la escena gira alrededor de la deshumanización voluntaria, la jerarquía y la entrega del control, elementos muy presentes en determinadas prácticas de pet play y de dominación/sumisión. Pero ahí lo que se ve, es una relación entre Switchs (switch persona que puede ocupar roles dominantes y sumisos según la situación).
En la adaptación representa a Heathcliff e Isabella desde una dinámica más de intercambio de poder, deseo y entrega mutua y la lectura cambia completamente a los personajes. Ya no sería «uno domina y otro sufre», sino una relación donde ambos participan en un juego de fuerzas.
E Isabella Linton, en este remake, es una perversa de manual, le hace un libro a Catherine, lleno de dobles sentidos, a cada página que abre:
- una vulva convertida en rosa
- un pene convertido en seta….
Eso en el libro ni se huele vamos..sería una falta de respeto hacia los personajes, pero por eso me reitero, que esa película, tiene conexión con el universo de Fennell y su forma de ver las cosas, pero no con Cumbres Borrascosas.
La novela de Emily Brontë tampoco presenta esa relación como un juego erótico de poder consensuado. Heathcliff e Isabella tienen una relación marcada por la manipulación, el resentimiento y la venganza. Él no busca una dinámica compartida de dominación, sino infligir dolor porque ella representa, en cierto modo, un instrumento para herir a Catherine y a Edgar Linton. Por que desea poseer a Catherine, por todos los medios, le da igual cual de ellos, sea provocándola para la infidelidad o la triangulación con su cuñada.
Y quizá ese contraste de adaptar una obra como Cumbres Borrascosas, tengan la misma intensidad, la misma obsesión y la misma pasión puedan filmarse como tragedia de abuso o como una exploración de deseo y poder, dependiendo del lenguaje que elija la directora, de la que no estoy de acuerdo, por que se carga la obra original, así que los experimentos en casa y con gaseosa. Al menos en una obra de esta calibre y magnitud.
Por último, la película de «Una joven prometedora» protagonizada por Carey Mulligan, tiene una forma de como decirlo? Empieza con una tensión contenida, una mezcla de sensibilidad y obsesión que va creciendo lentamente hasta desembocar en una cadena de catastróficas desdichas que explotan in crescendo.
A mi me dio la risa, cuando vi como le escupía en el café al «pobre» chico, y el otro, sin miramientos, se lo tragaba todo. Dije, vaya, por fin, una película ejecuta esa dinámica, sin parecer Monica Bellucci dándole el pecho a un señor de 60 años.
Por que siempre vemos, ese tipo de escenas «macabras» o «grotescas» o «vulgares» o «morbosas» entre personajes, de bajos fondos y sitios «underground» ocultos…y no, aquí se da en una cafetería, a plena luz del día, con toda la normalidad del mundo. Ahí está la gracia. No ocurre en un antro de cuero, ni en una mazmorra, ni entre personajes marginales. Ocurre delante de cualquiera, como si fuera un martes cualquiera (por que lo es) y precisamente por eso la escena resulta mucho más «incómoda» o chocante…
Yo pensé, «no se lo beberá»…pues, si, si lo hace, con toda la tranquilidad y además le da las gracias, por que dice que se lo merece…lo que luego resulta ser cierto.
Y luego está la aparición de ella disfrazada de enfermera… Si eso no juega deliberadamente con un imaginario fetichista, que baje Dios y lo vea.
Tampoco os destripo la película y me jode como acaba, ella gana, lo tiene todo calculado, pero yo la hubiese acabado de otra manera, por que la protagonista se merece algo mejor, después de todo lo que vive, se merece un final a su altura y dignidad.
Y cuando digo, que tiene un crescendo, es por que lo tiene, cada momento, es un paso más hacia un abismo extremo y peligroso…
Mi impresión, igualmente, es que en el fondo, el personaje ya no está intentando salvarse. Está avanzando hacia un final que considera inevitable.
Esa es la parte más triste. Ves que el personaje ya no es capaz de vivir sin recordar. No puede. El pasado la devora poco a poco. Por eso, ya no tiene miedo, por que sabe lo que va a ocurrir y se sacrifica por y para ello.
Yo no la hubiese acabado así. Siempre hay que pensar, que mañana será otro dia, Como decía Scarlett O’Hara.
Y hasta aquí mi post sobre la Fennell y recordad que aquí….
mando yo!
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